El gobierno de Estados Unidos ha dejado clara su postura frente a la creciente influencia de China en América Latina, declarando que se opondrá con firmeza a la financiación de proyectos vinculados a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (conocida como la nueva Ruta de la Seda) por parte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otras instituciones financieras internacionales.
La advertencia llega poco después de que el presidente colombiano Gustavo Petro anunciara la incorporación de su país a esta iniciativa promovida por el gobierno de Xi Jinping. Washington, principal socio comercial de Colombia y principal aportante al BID, expresó su descontento, señalando que dichos proyectos representan una amenaza para la seguridad regional.
Durante una reciente cumbre entre China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), el mandatario chino ofreció a la región 9,200 millones de dólares en créditos para impulsar el desarrollo. Esta estrategia forma parte de los esfuerzos del gigante asiático por afianzar su presencia económica y política en América Latina, donde ya ha establecido lazos comerciales sólidos con países como Brasil, Perú y Chile.
Desde la administración del expresidente Donald Trump —que ha retomado su discurso geopolítico— se insiste en que los recursos del BID y otras entidades multilaterales no deben ser utilizados para beneficiar a empresas chinas en el hemisferio. La oficina del Departamento de Estado para las Américas ha subrayado que este tipo de financiamiento “NO DEBE” destinarse a actores que respondan a intereses de Pekín. Además, advirtieron que esta postura podría extenderse a otras naciones latinoamericanas que participen en la Ruta de la Seda.



