Labubus, Ternurines y Monchhichis: La fiebre de peluches que enciende un mercado millonario

Los juguetes coleccionables como Labubus y Ternurines se convierten en fenómeno cultural y alimentan un lucrativo mercado informal, impulsado por redes sociales y nostalgia millennial.

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Los Labubus, peluches inspirados en la mitología nórdica, han causado sensación en México, conquistando tanto a coleccionistas como a adultos nostálgicos. Junto con los Ternurines y los Monchhichis, estos juguetes se han convertido en los reyes del mercado «kidult» (niño-adulto), un sector que ha visto crecer su valor gracias al auge de las redes sociales y la cultura pop.

Carolina Aguilar, de 33 años, relata cómo armó una colección de más de 22 Labubus tras descubrirlos en AliExpress, aunque finalmente los adquirió en el tianguis de juguetes de Balderas y por redes sociales debido a la escasa oferta en tiendas físicas. Liverpool y tiendas como Log-On han comenzado a venderlos, pero el surtido es limitado y a veces incluye imitaciones.

El fenómeno de los Labubus está encabezado por la empresa china Pop Mart, conocida por sus «cajas sorpresa». En 2024, la empresa registró ingresos por 1,800 millones de dólares, con un crecimiento de más del 700% en la categoría de estos peculiares conejos monstruosos.

Los Ternurines, parte de la marca japonesa Sylvanian Families, y los clásicos Monchhichis —creados en los años 70 y popularizados por una caricatura de Hanna-Barbera en los 80— han revivido también. Estos juguetes no solo son objetos de colección, sino vehículos de narrativa emocional, utilizados en TikTok y otras plataformas para hablar de temas cotidianos con humor y ternura.

Según consultoras como Grand View Research y DataIntelo, el mercado global de juguetes coleccionables podría superar los 20,000 millones de dólares para 2032. En México, se proyecta que el sector de artículos coleccionables alcance los 6,352 millones de pesos en 2030.

En el corazón del comercio de estos juguetes está el mercado informal. El tianguis de Balderas es el epicentro, donde vendedores como Emmanuel Ramírez traen productos directamente desde Japón, con precios que pueden aumentar hasta 500% según su rareza. “Nos preguntamos entre nosotros si alguien tiene tal pieza, nos apoyamos entre vendedores”, afirma.

Carmen Molina, de la consultora De la Riva Group, interpreta este fenómeno como una respuesta emocional a los tiempos difíciles. “Es una forma de contención ante la incertidumbre del futuro. Los millennials, por ejemplo, compensan las frustraciones de la adultez con estos objetos de ternura que acompañan su vida diaria.”

Así, la fiebre por los peluches no solo mueve millones, sino que también refleja una búsqueda de refugio emocional y una oportunidad de inversión. “Mientras estén en buen estado y en su caja original, su valor aumentará”, asegura Aguilar, que ya ve su colección como una inversión a futuro.

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