Las redadas migratorias y las políticas de deportación masiva en Estados Unidos no solo son objeto de críticas por su impacto social y humanitario, sino también por las graves consecuencias que acarrean para la economía estadounidense. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha calificado estas acciones de «muy injustas», señalando que afectan directamente la fortaleza económica de EE. UU. Esta perspectiva subraya la interconexión entre las políticas migratorias y la vitalidad del mercado laboral y el consumo.
Los migrantes, tanto documentados como indocumentados, son un pilar fundamental de la economía estadounidense. En 2023, los hogares migrantes generaron 2.4 billones de dólares en ingresos, contribuyendo con 651.9 mil millones de dólares en impuestos federales, estatales y locales, lo que representa casi una quinta parte de los ingresos totales del gobierno federal. Incluso los migrantes indocumentados aportan significativamente, pagando 89.9 mil millones de dólares en impuestos. Su presencia es crucial en sectores como agricultura, salud, tecnología y construcción, donde llenan brechas laborales y fomentan la innovación.
Las propuestas de deportaciones masivas, como las planteadas por Donald Trump, generarían una pérdida masiva de trabajadores, una reducción drástica en la recaudación fiscal y un descenso en el consumo interno. Además, los migrantes invirtieron 167 mil millones de dólares en el mercado inmobiliario en 2023, acumulando una riqueza significativa. Ignorar la contribución económica de esta población conlleva un costo muy alto, minando el crecimiento y la estabilidad a largo plazo del país.



