La inflación alimentaria se ha convertido en un serio desafío para América Latina y el Caribe, amenazando con revertir los significativos avances logrados en la lucha contra el hambre y la malnutrición en la región. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha alertado sobre esta preocupante tendencia, que encarece el acceso a la canasta básica y golpea directamente a las poblaciones más vulnerables.
El encarecimiento de los alimentos básicos ejerce una presión considerable sobre el poder adquisitivo de los hogares, especialmente aquellos con menores ingresos, quienes destinan una mayor proporción de su presupuesto a la comida. Esta situación puede obligar a las familias a reducir la cantidad o la calidad de los alimentos que consumen, lo que impacta negativamente la nutrición y la salud pública, especialmente en niños y mujeres. La FAO subraya que la persistencia de esta inflación alimentaria pone en riesgo los objetivos de desarrollo sostenible relacionados con el hambre cero.
La región, que había mostrado progreso en la reducción del hambre en las últimas décadas, ahora enfrenta un nuevo obstáculo. Factores como los precios internacionales de los commodities, la volatilidad de los mercados, los fenómenos climáticos y las interrupciones en las cadenas de suministro contribuyen a este incremento de costos. Es crucial que los gobiernos implementen políticas coordinadas que protejan el acceso a alimentos asequibles, refuercen los sistemas de producción locales y aseguren redes de protección social para mitigar los efectos de esta inflación en la seguridad alimentaria.



