La inflación en Estados Unidos ha vuelto a registrar un aumento en junio, con el índice de Gasto de Consumo Personal (PCE) ubicándose en un 2.6% anual. Este repunte, que supera las expectativas previas, enciende nuevamente las alarmas sobre la trayectoria de los precios y plantea interrogantes sobre las futuras decisiones de la Reserva Federal (Fed). La cifra de junio sugiere que la lucha contra la inflación dista de estar ganada, pese a los esfuerzos de política monetaria restrictiva.
El índice PCE, que es el medidor de inflación preferido por la Fed, muestra que las presiones sobre los precios persisten. Este aumento podría complicar el camino hacia un «aterrizaje suave» de la economía, donde la inflación se controla sin inducir una recesión. Un factor clave en este incremento podría ser la resiliencia del consumo o presiones en el lado de la oferta que no terminan de ceder. La persistencia de la inflación por encima del objetivo del 2% de la Fed mantiene la incertidumbre en los mercados financieros.
Ante este panorama, la Fed se enfrenta a un dilema. Si bien ha indicado su disposición a pausar o incluso considerar recortes de tasas en el futuro, el reciente aumento de la inflación podría obligarla a mantener su postura restrictiva por más tiempo, o incluso a considerar nuevas alzas si la tendencia se consolida. Esta situación genera volatilidad en los mercados y afectará las expectativas sobre el costo del crédito y el crecimiento económico para el resto del año. El desafío es claro: controlar la inflación sin frenar excesivamente la economía.



