Según un estudio reciente de la consultora Kantar, el 60 % de los mexicanos cuida su gasto para enfrentar la inflación persistente y las presiones económicas actuales. En consecuencia, el 57 % de los consumidores ha optado por marcas más económicas, mientras que el 35 % ajusta el volumen, cantidad o tamaño de sus compras de productos de alta rotación, buscando que rinda más su gasto sin sacrificar calidad.
Este comportamiento se refleja en el auge de las tiendas de descuento (“hard discounters”) y la creciente preferencia por marcas propias. Entre 2023 y 2025, estos formatos aumentaron su presencia en un 19 %, liderados por tiendas como 3B, que concentra el 40 % del formato.
La dinámica de consumo observada revela una transición hacia decisiones más racionales y conscientes: el consumidor mexicano ya no prioriza marcas reconocidas, sino el valor y la accesibilidad. Aunque esta orientación al ahorro puede aliviar las presiones económicas, representa un desafío para las marcas tradicionales: deben replantear sus propuestas de valor y estrategias de distribución para mantener cuota y relevancia. Además, el auge de los productos low-cost y la expansión del retail de descuento podrían profundizar la fragmentación del mercado, con implicaciones en margenes, competencia e innovación.



