La deuda nacional de Estados Unidos ha alcanzado una cifra sin precedentes, superando los 37 billones de dólares, según datos oficiales del Departamento del Tesoro. Este hito sombrío subraya la insostenible trayectoria de las finanzas del país y se produce en un momento en que el déficit presupuestario también se dispara, lo que enciende las alarmas sobre la salud económica a largo plazo de la nación.
Un informe de la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) proyecta que el déficit federal superará los 1.8 billones de dólares en el año fiscal actual, una cifra significativamente mayor a las estimaciones iniciales. Este déficit es el resultado de un desequilibrio entre el gasto público en programas como la seguridad social y la defensa, y la recaudación de impuestos, que se ha visto afectada por los recortes fiscales.
Lo más preocupante para los analistas es el creciente costo del servicio de la deuda. Con el aumento de las tasas de interés, una porción cada vez mayor del presupuesto federal se destina a pagar los intereses de la deuda acumulada. Este gasto, que ya supera a la inversión en defensa, limita la capacidad del gobierno para invertir en otras áreas cruciales como la infraestructura o la educación.
La combinación de una deuda masiva y un déficit fuera de control representa un desafío monumental para la clase política. Sin un plan claro para abordar el problema, el país se expone a un mayor riesgo financiero y a un futuro en el que el pago de la deuda podría estrangular otras prioridades presupuestarias.



