El Banco Popular de China (PBoC) ha optado por la cautela, manteniendo sin cambios sus principales tasas de interés de referencia, a pesar de la presión por estimular una economía en desaceleración. La tasa preferencial a un año (LPR) se mantuvo en 3.45%, mientras que la tasa a cinco años, un referente para las hipotecas, se mantuvo en 3.95%. Esta decisión, ampliamente anticipada por el mercado, refleja el dilema que enfrenta el banco central chino.
Por un lado, la economía de China continúa luchando contra una prolongada crisis del sector inmobiliario y una débil demanda de los consumidores, factores que piden a gritos un estímulo monetario. La reducción de las tasas de interés haría que el crédito fuera más accesible, alentando la inversión y el consumo.
Por otro lado, la PBoC está priorizando la estabilidad del yuan. Un recorte de tasas en China, en un momento en que la Reserva Federal de Estados Unidos mantiene su política restrictiva, podría ensanchar aún más el brecha de rendimiento entre las dos economías y ejercer una mayor presión a la baja sobre la moneda china, que ya se encuentra cerca de sus mínimos de varios años frente al dólar.
La decisión del banco central de no actuar demuestra que está dispuesto a sacrificar un estímulo económico más agresivo en favor de la estabilidad monetaria. Este enfoque subraya la complejidad de la gestión económica en China, donde la respuesta a un problema puede exacerbar otro, y la incertidumbre sigue siendo alta.



