Las lluvias extremas que han azotado a China en los últimos meses han dejado una factura económica significativa, con los daños en la infraestructura vial superando los 22 mil millones de dólares. El costo de reparar los puentes colapsados y las autopistas arrasadas no podría llegar en peor momento, ya que agrava la tensión sobre las finanzas públicas de un país que se encuentra luchando por revitalizar su economía. La alta cifra de la reparación es una carga adicional para un estado que ya maneja una deuda pública considerable, especialmente a nivel de los gobiernos locales.
Esta situación subraya la creciente vulnerabilidad de la economía china ante los desastres naturales. El costo recurrente de la recuperación es cada vez más difícil de absorber para el presupuesto del Estado. Las autoridades se enfrentan a un complejo dilema: cómo financiar la costosa reconstrucción sin desviar fondos de proyectos esenciales para el crecimiento económico o sin aumentar aún más la deuda.
El fenómeno de los daños por eventos climáticos extremos ya no es un gasto extraordinario, sino un riesgo sistémico y una carga fiscal recurrente. La reparación de la infraestructura es vital, pero el costo económico a largo plazo de estos desastres naturales es un recordatorio de la urgente necesidad de una planificación financiera que tome en cuenta el impacto del cambio climático en las arcas públicas.



