Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA) ha dado luz verde a la construcción de cuatro nuevas terminales aéreas en distintos puntos del país, incluyendo Ensenada, Costalegre, Lagos de Moreno y San Miguel de Allende. El proyecto se desarrollará bajo un modelo de asociación público-privada, una estrategia que busca aprovechar la cifra récord de 120 millones de pasajeros aéreos registrados en 2024 y descentralizar el flujo de viajeros para potenciar el desarrollo económico en estas regiones. La medida responde a una necesidad de infraestructura que impulse el turismo y el comercio local.
Sin embargo, el proyecto no está exento de retos. Históricamente, la operación de aeropuertos regionales en México ha sido un desafío financiero, con muchas terminales luchando por alcanzar la rentabilidad debido al bajo volumen de pasajeros y los altos costos operativos. La viabilidad de estas nuevas terminales dependerá críticamente de su capacidad para atraer a las aerolíneas y generar un tráfico de pasajeros constante, sin recurrir a subsidios gubernamentales a largo plazo.
La construcción de estos aeropuertos es una apuesta del gobierno por el potencial de crecimiento de estas zonas, pero su éxito real será la prueba de fuego para el modelo de asociación público-privada. Mientras la inversión en infraestructura es vital para la competitividad del país, el verdadero impacto económico dependerá de que las terminales logren superar la barrera de la rentabilidad y se conviertan en centros de actividad económica autosuficientes que beneficien a las comunidades locales.



