La economía de Francia se encuentra en una encrucijada fiscal, con un debate sobre cómo reducir su elevada deuda pública y déficit. La propuesta del economista Gabriel Zucman de un impuesto mínimo global a la riqueza ha entrado en el centro de la discusión. Zucman, un firme defensor de que los multimillonarios paguen más impuestos, argumenta que la medida podría generar miles de millones de euros en ingresos, lo que ayudaría a financiar el Estado de bienestar y a reducir la desigualdad. Sin embargo, su propuesta ha generado un fuerte rechazo en el país.
Los críticos, incluyendo a los principales partidos de derecha y a la patronal, argumentan que el impuesto podría provocar una fuga de capitales y dañar la competitividad de la economía. El debate sobre la «tasa Zucman» es un reflejo de las profundas divisiones políticas sobre cómo gestionar la economía. Mientras que la izquierda ve el impuesto como una forma de justicia fiscal, la derecha lo ve como un ataque a la inversión y a la libertad económica.
La situación actual de Francia es un recordatorio de que en la política económica no hay soluciones fáciles. La falta de un consenso sobre cómo abordar la deuda pública y el déficit ha generado incertidumbre en los mercados y ha afectado a la confianza de los inversores. La propuesta de Zucman es una solución audaz a este problema, pero su implementación, si se llega a aprobar, será un desafío monumental.



