El presidente de Francia, Emmanuel Macron, nombró a Sébastien Lecornu el 9 de septiembre como nuevo primer ministro para encabezar un gabinete de continuidad en medio de una profunda crisis política y fiscal. Sin embargo, el nuevo gobierno se convirtió en el más efímero de la historia moderna francesa: Lecornu presentó su dimisión apenas horas después de anunciar su equipo ministerial, tras las amenazas inmediatas de aliados y opositores de tumbarlo en el Parlamento.
La inestabilidad, que ya había provocado la caída del gobierno anterior, ha colocado la deuda pública francesa en un récord histórico de 113.9% del PIB, con un déficit casi el doble del límite europeo del 3%. Analistas advierten que el costo del servicio de la deuda podría superar los 100.000 millones de euros para 2029, lo que agrava la presión sobre las finanzas públicas.
El desafío más crítico sigue siendo conseguir apoyo para el Presupuesto 2026, que debe reducir el déficit en un Parlamento fracturado. El Partido Socialista condiciona su respaldo a la introducción de un impuesto a las grandes fortunas —la llamada “tasa Zucman”—, mientras que el gobierno y la patronal rechazan la medida por temor a que ahuyente inversión y destruya empleos.
Tras la renuncia de Lecornu, Macron lo ha mantenido como primer ministro saliente encargado de los asuntos corrientes y le ha dado 48 horas para negociar con los partidos políticos una plataforma mínima de acción y estabilidad. Según el Elíseo, el encargo busca evitar un vacío de poder y ganar tiempo en un escenario donde las opciones del presidente se reducen: nombrar un nuevo jefe de gobierno, disolver la Asamblea y convocar elecciones anticipadas, o incluso enfrentar presiones para dimitir, algo que hasta ahora ha descartado.
La crisis ha tenido un impacto inmediato en los mercados: el CAC 40 cayó más de 1,3% el lunes, convirtiéndose en el índice europeo con peor desempeño, mientras que el euro retrocedió a 1,172 dólares. Fitch y otras agencias ya han rebajado la calificación de la deuda francesa, elevando el riesgo país.
En las calles de París, la sensación es de desconcierto. “Nunca había visto algo así, me da casi vergüenza ser francés”, dijo Gérard Duseteu, un jubilado de 79 años. Para muchos, la única salida son elecciones anticipadas. Encuestas recientes muestran que tres de cada cuatro franceses apoyan la renuncia de Lecornu y casi la mitad responsabiliza directamente a Macron de la crisis.
La oposición, tanto de extrema derecha como de la izquierda radical, exige comicios inmediatos. Marine Le Pen calificó la situación de “farsa”, mientras que Mathilde Panot, de Francia Insumisa, declaró que “la cuenta atrás ha comenzado, Macron debe irse”. Los socialistas, en cambio, prefieren evitar elecciones y presionan para que el presidente nombre a un primer ministro de izquierda.
Con cinco primeros ministros en apenas 21 meses, Francia atraviesa lo que muchos analistas describen como la mayor crisis política desde la fundación de la Quinta República en 1958. El sistema, diseñado para garantizar estabilidad bajo un presidente fuerte, se enfrenta ahora a un Parlamento fragmentado y a una sociedad que reclama consensos en un país poco habituado a construirlos.



