La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha perfilado su modelo económico para 2026, proyectando un crecimiento acelerado impulsado por la inversión pública y la profundización de los programas de bienestar. La estrategia central es utilizar el gasto gubernamental, especialmente en infraestructura y energía, como motor principal para generar empleo y desarrollo. Este enfoque busca dar continuidad a la política económica anterior, priorizando los proyectos estatales sobre una dependencia excesiva del capital privado para áreas estratégicas.
La visión del gobierno es que la inversión en infraestructura y los programas sociales crearán un círculo virtuoso de consumo y desarrollo. La construcción de nuevos proyectos de conectividad y energía, además de generar empleos, busca sentar las bases para el crecimiento futuro. Sin embargo, el plan no está exento de un análisis crítico.
Los analistas económicos advierten que la apuesta por la inversión pública, si bien es un potente motor de empleo a corto plazo, representa un desafío fiscal significativo. La viabilidad del crecimiento proyectado dependerá de cómo el gobierno logre financiar esta inversión sin agravar aún más el déficit y la deuda pública. El éxito del modelo de Sheinbaum se medirá en su capacidad para atraer la inversión privada que complemente el esfuerzo estatal, manteniendo al mismo tiempo la disciplina fiscal para asegurar la confianza de los mercados.



