La inflación general anual en México se desaceleró más de lo esperado en la primera quincena de octubre, situándose en 3.63%, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Este dato, menor al 3.76% registrado en septiembre, sugiere una continuación en el proceso desinflacionario e intensifica el debate sobre la futura dirección de la política monetaria del Banco de México (Banxico).
El descenso se explica en gran medida por la caída en los precios de los productos agropecuarios, como el huevo, el pollo y el jitomate, que contribuyeron a la baja del componente no subyacente. Sin embargo, el índice de precios subyacente, el mejor indicador de la carestía por su exclusión de volátiles, se desaceleró solo ligeramente al 4.24% interanual, su menor nivel en meses.
Críticamente, la inflación general se mantiene aún por encima de la meta objetivo de Banxico del 3%, aunque dentro del rango de variabilidad (entre 2% y 4%). El Instituto Central, que ya ha aplicado una serie de recortes a su tasa de interés (actualmente en 7.5%), enfrenta la presión de la debilidad de la actividad económica para seguir reduciendo el precio del dinero.
No obstante, los riesgos persisten. La electricidad experimentó una fuerte alza (17.65% quincenal) debido al término del subsidio por temporada cálida en varias ciudades, y los servicios continúan presionando al alza. Banxico deberá equilibrar la necesidad de impulsar la economía con la cautela fiscal, ya que un recorte «agresivo» podría reavivar las presiones inflacionarias de largo plazo.



