La llegada de 2026 trae el mismo impulso que se repite cada año: cerrar ciclos y arrancar otros con más claridad. Y en esa lógica, el hogar no es un “fondo” neutro: es el espacio donde se sostienen hábitos, rutinas, descanso y metas. Por eso, dejar la casa lista para el nuevo año se ha convertido en un ritual que mezcla bienestar, orden y decisiones prácticas de diseño.
El primer paso, coinciden dos miradas complementarias, no es comprar nada: es limpiar y depurar. La especialista en energía del hogar y Feng Shui, Dámarys Ayón, recomienda revisar lo que se guarda y soltar lo que ya no aporta: ropa que no se usa, accesorios olvidados, muebles dañados, sábanas viejas u objetos que solo ocupan espacio. Propone empezar por zonas clave donde “entra” y se concentra la vida diaria: entrada y puerta principal, cocina (alacena y refrigerador incluidos) y recámara principal, con énfasis en el clóset. También sugiere limpiar puertas, ventanas y marcos para permitir que el espacio “respire” y no se acumule suciedad en esquinas o detrás de puertas.
Con el orden resuelto, viene la armonización con acciones sencillas: mantener la entrada despejada y luminosa, aromatizar con cítricos o manzana con canela, y evitar objetos rotos o cosas que impidan abrir puertas por completo. Para cerrar el año, Ayón plantea un ritual concreto: quemar hojas de laurel en un plato de barro y llevar el humo desde el fondo de la casa hacia la puerta principal, o recorrer los espacios con tres inciensos del aroma preferido, como símbolo de cierre.
La tercera capa es estética, y aquí el enfoque es más estratégico. El arquitecto Carlos Márquez, de Alma Estudio Interiorismo, plantea que el inicio de año sirve para alinear el hogar con nuevos propósitos: primero planear sensaciones y referencias, luego ejecutar microcambios de alto impacto. Pone como ejemplo la iluminación (mezcla de luz cálida y fría, lámparas de piso o mesa si no se quiere modificar instalaciones) y el uso de colores en dosis pequeñas en cojines, texturas o una pared de acento. También advierte un error frecuente: la falta de proporción y distribución, cuando un mueble demasiado grande o pequeño rompe el balance y limita el flujo; dejar espacio para caminar y evitar que sala y comedor “se den la espalda” ayuda tanto a la funcionalidad como a la sensación de amplitud.
En tendencias 2025–2026, el documento identifica un giro: del minimalismo rígido hacia una ornamentación moderada y una personalización más clara. Se mantienen paletas cálidas y aparecen variaciones hacia blancos, hueso y beige, con combinaciones de texturas como granito o madera; y, como anomalía destacada, el color cereza busca protagonismo desde moda y accesorios hasta el mobiliario. A la par, se refuerzan cuatro líneas: materiales naturales y de bajo impacto ambiental (vidrio, piedra, cerámica, corcho; además de madera, textiles y cartón), tecnología invisible (seguridad discreta, entretenimiento inalámbrico, automatización sin cables a la vista), espacios híbridos (home office y mobiliario multifuncional) y upcycling/diseño circular, con la idea de reutilizar y resignificar objetos en lugar de reemplazarlos sin pensar.
El cierre práctico lo resume un checklist de siete días: limpieza de entrada y ventanas; depuración de recámara y clóset; cocina y refrigerador; aromas y armonización; ajustes de iluminación; reacomodo de mobiliario; y, al final, toques personales y acentos de color. La lectura de fondo es simple: para recibir 2026, el cambio más relevante no es decorativo, sino de intención. Ordenar, depurar y ajustar el espacio con criterio puede renovar no solo la casa, sino la forma en que se vive dentro de ella.



