La recta final del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur se está convirtiendo en una prueba política para Bruselas y, sobre todo, para París. Francia dejó claro que no está conforme con las concesiones negociadas hasta ahora y mantiene como objetivo reunir una “minoría de bloqueo” que impida formalizar el pacto, cuya firma se ha mencionado para el 12 de enero. Mientras la Comisión Europea habla de “avances” y de un cierre “pronto”, el gobierno francés endurece condiciones, presionado por un sector agrícola movilizado y por el temor a una competencia que considera desleal.
Qué exige Francia para cambiar de postura
Francia coloca dos demandas en el centro:
- Cláusula de salvaguarda: un mecanismo para suspender temporalmente preferencias arancelarias a importaciones de Mercosur en productos agrícolas “sensibles” si se detecta un incremento importante de flujos. París subraya que el punto no está completamente adoptado y, sobre todo, que no ha sido asumido por los países del Mercosur.
- “Cláusulas espejo”: reglas para que solo entren a la UE productos que cumplan estándares equivalentes a los europeos en fitosanitarios, uso de antibióticos y hormonas de crecimiento. Francia insiste en dos cosas: que apliquen a todos los vegetales y animales, y que haya un dispositivo de control que las haga realmente exigibles.
El factor político: campo movilizado y “minoría de bloqueo”
El rechazo francés no ocurre en el vacío. Los sindicatos agrícolas se oponen de forma tajante al acuerdo y han reactivado protestas, impulsadas también por problemas internos del sector: se menciona la crisis por la dermatosis nodular contagiosa del bovino, además de tensiones por bajos precios del trigo y el alto costo de fertilizantes.
En este ambiente, se ha especulado con que Italia podría dejar de oponerse al acuerdo, lo que complicaría la minoría de bloqueo liderada por Francia. París, sin embargo, sostiene que “la partida no está perdida”, sin entrar a detallar la posición de Roma.
Medidas unilaterales y el pulso con Bruselas
Francia anunció además un decreto para suspender importaciones de productos con residuos de cinco sustancias cuyo uso está prohibido en Europa (mancozeb, glufosinato, tiofanato-metil y carbendazim). El gobierno francés lo describe como un instrumento sanitario y de competencia leal, y afirma que no está dirigido exclusivamente contra Mercosur, porque también afectaría productos de África o Asia. Bruselas tendrá un plazo para analizarlo y decidir si lo acepta solo para Francia, se opone o lo extiende a toda la UE.
En paralelo, el acuerdo UE-Mercosur seguirá gravitando en reuniones europeas: ministros de Agricultura discutirán el tema, junto con el impacto del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono sobre el precio de los fertilizantes, donde Francia busca suspender su aplicación para evitar alzas de costos, y también se abordará la Política Agraria Común, ante la que París rechaza recortes.
Lo que está en juego no es solo un tratado: es el choque entre apertura comercial y protección agrícola, y la capacidad europea de cerrar un acuerdo tras 25 años de negociación sin romper su equilibrio político interno.



