La alianza entre Lacoste y la estación alpina de Courchevel, materializada en la inauguración de dos canchas permanentes de pádel, trasciende el ámbito estrictamente deportivo para situarse en el centro de una estrategia de posicionamiento dentro de la moda contemporánea. Más que una inversión en infraestructura, el proyecto funciona como una plataforma de visibilidad y legitimación para la marca francesa en un contexto donde el deporte, el lujo y el lifestyle convergen de manera cada vez más estrecha.
Históricamente asociada al tenis, Lacoste ha construido su identidad sobre una estética deportiva sofisticada que dialoga con el vestuario cotidiano. La entrada al pádel responde a la evolución de ese legado: se trata de un deporte joven en términos de popularidad, con fuerte crecimiento en Europa y una percepción aspiracional vinculada a entornos urbanos y turísticos de alto nivel. Courchevel, uno de los destinos alpinos más exclusivos del mundo, ofrece el escenario ideal para articular esta transición sin romper con los códigos de la marca.
Desde la lógica de la moda, la colaboración permite a Lacoste reforzar su narrativa como maison de sportswear premium. El concepto “Club Lacoste Courchevel”, visible en la señalética de las canchas, no solo nombra un espacio físico, sino que construye un imaginario de pertenencia. Este tipo de activaciones, habituales en el lujo, trasladan la experiencia de marca al terreno del ocio y el tiempo libre, pilares fundamentales del consumo aspiracional contemporáneo.
El lanzamiento de una colección textil co-brandeada Lacoste x Courchevel refuerza esta dimensión. La cápsula no se presenta como un simple merchandising, sino como una extensión coherente del universo estético de la marca, pensada para un público que consume moda en contextos de viaje, deporte y socialización. En este sentido, el pádel funciona como catalizador: es una práctica donde la indumentaria tiene un peso simbólico relevante y donde el look forma parte de la experiencia.
La elección del pádel también es estratégica por su perfil demográfico. La alta concentración de jugadores de entre 25 y 44 años, con poder adquisitivo elevado, coincide con los objetivos de reposicionamiento de muchas marcas de moda que buscan consolidar su relevancia entre Millennials y Generación Z adulta. En Courchevel, este público convive con un ecosistema de hoteles de lujo y boutiques de firmas como Louis Vuitton, Dior o Hermès, lo que sitúa a Lacoste en un entorno de competencia y legitimación dentro del segmento premium.
En conjunto, la colaboración evidencia cómo la moda deportiva contemporánea ya no se limita al producto. A través del pádel en Courchevel, Lacoste articula territorio, comunidad y estilo de vida, reafirmando su capacidad para adaptarse a nuevas prácticas culturales sin perder coherencia histórica. En un contexto donde el sportswear redefine constantemente sus fronteras, este tipo de iniciativas se consolida como una herramienta clave de construcción de marca.



