¿Se puede “leer” a una generación a través de lo que consume, busca y repite en su cultura? Un ejercicio de análisis con Inteligencia Artificial propone que sí: al observar patrones culturales, búsquedas en internet y producciones audiovisuales, la IA identifica temas persistentes —más que modas— que habrían definido miedos, deseos y prioridades de cada cohorte. El resultado es una especie de mapa cultural que ayuda a entender por qué ciertas narrativas se vuelven dominantes en cada época.
La premisa es sencilla: cada generación crece marcada por un contexto histórico que deja huellas en lo cotidiano y, con el tiempo, se filtra en el entretenimiento, la música, el cine y las historias que circulan. Bajo esa lógica, la IA ordena las “obsesiones” culturales por generación con una lectura que conecta valores, tensiones sociales y formas de ver el futuro.
Qué encontró la IA en cada generación
- Baby Boomers (1946–1964): la obsesión gira alrededor de progreso, estabilidad y éxito material. La idea de bienestar se asocia con trabajo estable, casa propia y familia tradicional. La cultura refuerza relatos de esfuerzo y recompensa, con confianza alta en instituciones y futuro.
- Generación X (1965–1980): aparece el desencanto, el individualismo y la desconfianza. Crisis económicas y cambios políticos erosionan la promesa de progreso continuo. Se reflejan narrativas más críticas, oscuras y con escepticismo.
- Millennials o Generación Y (1981–1996): destacan identidad, propósito y ansiedad. El trabajo se vuelve parte de la identidad, pero convive con precarización e incertidumbre. En la cultura se repiten el miedo al fracaso, la comparación constante y la búsqueda de validación.
- Generación Z (1997–2012): la obsesión se centra en autenticidad, salud mental y pertenencia. Crecen hiperexpuestos en redes sociales y, al mismo tiempo, cuestionan sus efectos. La pertenencia se construye en múltiples comunidades y la identidad se entiende como flexible.
- Generación Alpha (2013–actualidad): se perfila una relación naturalizada con la tecnología, la inmediatez y una conciencia global temprana. La tecnología no es solo herramienta: funciona como entorno. También se observan preocupaciones por ambiente, diversidad e inclusión desde edades tempranas.
Más allá de lo llamativo del ejercicio, el impacto tecnológico es claro: la IA ya no solo organiza información, también se usa para interpretar tendencias culturales y traducirlas en categorías entendibles para el público general. Y el impacto social es inevitable: al ponerle nombre a esas obsesiones, se abre una conversación sobre cómo cambian las prioridades colectivas… y qué historias terminan moldeando a cada generación.



