Cuesta de enero: presión a consumo y crédito en México

La cuesta de enero aprieta el bolsillo y se refleja en pagos de tarjetas, compras a plazos y ventas minoristas. Bancos y comercios ajustan estrategias.

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La cuesta de enero no es un mito: es el momento del año en que el gasto de diciembre se convierte en pagos pendientes y el ingreso disponible se encoge. Para las finanzas personales es un estrés directo; para el sistema financiero y el comercio es una prueba de corto plazo que puede mover indicadores de consumo, crédito y riesgo.

El primer impacto suele verse en el crédito al consumo. Cuando los hogares llegan a enero con saldos elevados, el pago mínimo se vuelve una “renta” que compite con gastos fijos del arranque de año (servicios, colegiaturas, impuestos locales en algunos casos). Eso cambia el patrón de compra: se prioriza lo básico y se pospone lo discrecional. Para bancos y emisores de tarjetas, ese comportamiento importa porque define dos cosas: uso de líneas de crédito y calidad de pago.

Del lado de las empresas, el efecto se siente en la rotación de inventario y en la necesidad de sostener ventas sin regalar margen. En enero, los comercios suelen empujar promociones, meses sin intereses o descuentos selectivos. Eso puede ayudar a mantener flujo, pero también reduce rentabilidad si la estrategia se vuelve permanente o demasiado agresiva. En paralelo, las plataformas de pago y financiamiento al consumo enfrentan el mismo dilema: crecer colocación o cuidar cartera.

Lo que se mueve en el mercado (sin dramatizar)

En términos financieros, la cuesta de enero suele traducirse en:

  • Mayor sensibilidad al precio: el consumidor compara más y recorta compras no esenciales.
  • Preferencia por pagos diferidos: aumenta el atractivo de planes a plazos cuando el efectivo escasea.
  • Más atención al riesgo: bancos y financieras ajustan aprobaciones, límites o condiciones si perciben deterioro en pagos.

Qué deberían vigilar hogares y empresas

Para el público, el punto clave no es “aguantar enero”, sino evitar que enero se coma febrero:

  • Priorizar pagos que generan intereses y evitar financiar gasto corriente con deuda cara.
  • Revisar fechas de corte y pago para no caer en moras que encarecen el crédito.
  • Si se usa financiamiento, hacerlo con un plan de salida claro, no como extensión indefinida del presupuesto.

Para empresas y mercado, enero funciona como termómetro: si la demanda se enfría más de lo esperado o si sube el estrés en pagos, se ajustan campañas, inventarios y, en algunos casos, la disposición a prestar. Por eso, la cuesta de enero no es solo una frase popular: es una señal temprana de cómo viene el primer tramo del año para consumo y crédito.

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