La crisis venezolana entra a una fase nueva y más delicada: Estados Unidos está involucrado de forma directa en la discusión sobre el futuro institucional del país, y eso se reflejará este jueves con una reunión poco común en la Casa Blanca. De acuerdo con la agenda oficial, el presidente Donald Trump recibirá a la líder opositora María Corina Machado en un almuerzo privado, sin acceso a prensa, a las 12:30 horas (tiempo de Washington).
El encuentro ocurre semanas después de un hecho que reconfiguró el tablero regional: la captura de Nicolás Maduro durante una operación militar estadounidense a comienzos de enero. Con la detención, el país quedó en un escenario de vacío de poder y, según la misma información, Delcy Rodríguez asumió como jefa del régimen chavista, mientras Washington abrió contactos con distintos actores internos y externos para medir rutas de transición, estabilidad y gobernabilidad, en un contexto de crisis económica y social.
Una señal política, con agenda amplia
Machado llega acompañada por integrantes del Comando Con Venezuela, entre ellos David Smolansky, y tiene previsto sostener reuniones con el secretario de Estado Marco Rubio y con legisladores republicanos de Florida, como María Elvira Salazar y Carlos Giménez. La lectura política es clara: la visita busca consolidar respaldo y, al mismo tiempo, colocar a la oposición como interlocutora en un momento donde se discuten escenarios de reorganización institucional.
El componente que pesa: energía y condiciones
En paralelo, desde Washington se ha insistido en condicionar su política hacia Venezuela a gestos verificables en derechos humanos, incluyendo el tema de presos políticos. El propio contexto de esta negociación incluye evaluaciones internas sobre excarcelaciones consideradas limitadas.
Pero el tablero no es solo humanitario. En declaraciones recogidas en el mismo material, se menciona un acuerdo energético por 500 mil millones de dólares, así como el envío de 31 millones de barriles de petróleo rumbo a Estados Unidos, con recursos que se depositarían en una cuenta controlada por el gobierno estadounidense. Ese dato sugiere que la discusión sobre “transición” no está desligada del control de flujos estratégicos.
Qué se juega a partir de ahora
La reunión Trump–Machado no significa, por sí sola, un diseño definitivo para Venezuela, pero sí marca algo relevante: la transición —si ocurre— se está discutiendo con Washington sentado a la mesa. Y eso tendrá impactos regionales inmediatos: desde la estabilidad interna venezolana hasta el tipo de relación que otros gobiernos latinoamericanos deberán construir con el nuevo equilibrio de poder.



