FMI prevé crecimiento mundial 3.3% en 2026 pese a aranceles

El FMI estima que la economía global mantendrá resiliencia en 2026, con inflación a la baja y un impulso desigual liderado por la inversión tecnológica.

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) actualizó sus Perspectivas de la Economía Mundial y mantuvo un mensaje central: la economía global sigue firme, pero el equilibrio se sostiene con fuerzas que empujan en direcciones opuestas. Para 2026, el organismo proyecta un crecimiento mundial de 3.3%, y para 2027 de 3.2%, cifras muy cercanas al 3.3% estimado para 2025. En paralelo, prevé que la inflación global continúe cediendo: de 4.1% (2025) a 3.8% (2026) y 3.4% (2027).

Detrás de esa “resiliencia” hay un punto clave: el impulso no es parejo. El FMI plantea que los vientos en contra por cambios en política comercial y aranceles se están compensando con vientos a favor provenientes de la inversión tecnológica —con énfasis en inteligencia artificial—, además de condiciones financieras generalmente acomodaticias y el apoyo fiscal y monetario en varias economías.

En comercio, el FMI trabaja con el supuesto de políticas vigentes al cierre de diciembre: la tasa arancelaria efectiva de Estados Unidos usada en el escenario base es de 18.5% (ligeramente menor al 18.7% de octubre), mientras que la del resto del mundo se mantiene en 3.5%. Aun así, se espera una desaceleración del volumen del comercio mundial: de 4.1% (2025) a 2.6% (2026), con un repunte a 3.1% (2027).

Por regiones, el FMI prevé para economías avanzadas un crecimiento de 1.8% (2026) y 1.7% (2027). Para América Latina y el Caribe, estima 2.2% (2026) y 2.7% (2027); y para México, 1.5% (2026) y 2.1% (2027). En materias primas energéticas, anticipa una caída cercana a 7% en 2026; y, con base en futuros, un precio promedio supuesto del petróleo de USD 62.13 (2026) y USD 62.17 (2027).

El FMI advierte que el escenario sigue expuesto a riesgos: una corrección brusca si la apuesta por productividad vía IA decepciona; un repunte de tensiones comerciales; shocks geopolíticos que afecten rutas, cadenas de suministro y precios; y presiones por déficits y deuda que empujen tasas largas y endurezcan condiciones financieras. Al mismo tiempo, el “lado bueno” existe: si la adopción de IA acelera productividad, el crecimiento podría recibir un impulso adicional, siempre que haya políticas complementarias.

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