El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó en Davos la carta fundacional de su Consejo (o Junta) de Paz, una iniciativa que nació vinculada a la reconstrucción de Gaza, pero que ahora apunta a intervenir en conflictos globales y ya está provocando incomodidad entre aliados occidentales, además de abrir un debate directo sobre el papel de la ONU.
Contexto: de Gaza a “conflictos en todo el mundo”
La Junta de Paz fue planteada originalmente como parte de una segunda fase de un plan de cese del fuego en Gaza negociado por Estados Unidos en septiembre. En noviembre, el Consejo de Seguridad de la ONU respaldó ese plan, otorgándole un mandato para que la junta supervisara desmilitarización y reconstrucción. Sin embargo, el borrador de estatutos difundido en medios describe ahora una “organización internacional” orientada a promover estabilidad, paz y gobernanza en zonas afectadas o amenazadas por conflictos, sin mencionar Gaza como eje del organismo.
Un punto central del diseño institucional es el rol de Trump: el estatuto lo coloca como presidente fundador vitalicio y con capacidad de influir de forma determinante en la agenda, membresías y decisiones. La estructura contempla que los Estados tengan voto, pero también que resoluciones relevantes requieran aprobación del presidente.
Hechos: quién se sumó y quién no
La ceremonia paralela al Foro Económico Mundial en Davos reunió a 19 países firmantes, menos de lo que se había proyectado. Predominaron naciones de Medio Oriente, Asia y Sudamérica; en Europa occidental solo apareció Hungría. Entre quienes aceptaron se mencionan, entre otros, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Egipto, Qatar, Bahréin, Pakistán, Turquía, Marruecos, Kosovo, Argentina, Paraguay, Kazajstán, Uzbekistán, Indonesia y Vietnam. Israel está considerado “a bordo”, aunque con reservas por la inclusión de actores como Turquía y Qatar en el esquema.
El organismo también invitó a potencias como Rusia y China, además de Belarús. La posible presencia rusa generó alertas: el Reino Unido declinó por esa razón y Francia y Noruega expresaron dudas sobre cómo operaría el Consejo en relación con la ONU. Ucrania, por su parte, advirtió que sería difícil compartir un espacio con Rusia. Italia señaló posibles obstáculos constitucionales. China confirmó haber recibido invitación, pero reiteró su compromiso con el sistema internacional con la ONU como eje.
Consecuencias: financiamiento, legitimidad y choque institucional
El Consejo incluye un elemento financiero polémico: la membresía inicial es por tres años y ofrece asientos permanentes a cambio de US$1,000 millones. Según lo expuesto, los fondos se destinarían a la reconstrucción de Gaza, aunque la fórmula ha sido criticada por su vulnerabilidad a riesgos de corrupción. Además, la junta incorpora una “junta ejecutiva fundadora” con figuras como Jared Kushner, Marco Rubio, Steve Witkoff y Tony Blair; y se menciona la invitación al papa León XIV, con el Vaticano señalando que analiza qué respuesta dar.
En el tablero geopolítico, el debate de fondo es si este Consejo busca complementar a la ONU o competir con ella. La inquietud se incrementó luego de que Trump sugiriera que el organismo “podría” reemplazar a Naciones Unidas, mientras funcionarios humanitarios de la ONU respondieron que la organización no será sustituida.



