Según lo reportado por el INEGI, la inflación en 2025 fue de 3.65 por ciento. Esto quiere decir que, al comparar el nivel de precios de diciembre de 2025 con el de diciembre de 2024, los precios resultaron 3.65 por ciento más altos. La pregunta obligada es si esta inflación es elevada o baja, mucho o poco.
Para responderla hay que recordar que el Banco de México tiene una meta de inflación puntual del 3 por ciento, con un margen de error de más menos un punto porcentual. Es decir, una inflación de entre 2 y 4 por ciento se considera aceptable. En ese sentido, la inflación de 3.65 por ciento registrada en 2025 se ubica dentro del rango permitido, pero 0.65 puntos porcentuales por arriba de la meta puntual, que es la referencia clave para evaluar la eficacia del propio Banco de México.
Dicho de otra forma, la inflación de 2025 fue 21.7 por ciento mayor que la meta puntual de 3 por ciento. Esto abre una pregunta relevante: ¿qué tan eficaz ha sido el Banco de México para cumplir la meta que él mismo se ha impuesto? Las cifras no juegan a su favor. En 2025 la inflación no solo rebasó la meta puntual, sino que la inflación promedio mensual del año fue de 3.81 por ciento, con un máximo de 4.42 por ciento en mayo y un mínimo de 3.51 por ciento en junio.
Conviene ampliar la perspectiva. A lo largo de todo el siglo XXI, el Banco de México ha mantenido una meta de inflación puntual del 3 por ciento. Sin embargo, entre 2001 y 2025 la inflación promedio anual fue de 4.32 por ciento, es decir, por encima del 4 por ciento, que según la propia definición del Banco de México sería la inflación máxima aceptable. En ese mismo periodo, la inflación más baja se registró en diciembre de 2015 con 2.13 por ciento, mientras que la más alta ocurrió en agosto y septiembre de 2022 con 8.70 por ciento.
Si observamos la inflación acumulada en lo que va del siglo XXI, de enero de 2001 a diciembre de 2025, el resultado es todavía más revelador: 196.11 por ciento de inflación acumulada. ¿Por qué? Entre otras razones, porque el Banco de México tiene una meta explícita de inflación.
Y aquí está el punto central del debate. Que el Banco de México tenga una meta de inflación puntual del 3 por ciento implica que debe hacer lo necesario para que exista inflación y para mantenerla en ese nivel. Mientras el Banco de México siga teniendo metas de inflación, en México seguirá habiendo inflación, si bien nos va, del 3 por ciento. Y digo “si bien nos va” porque, como ya vimos, la inflación promedio anual desde 2001 ha sido de 4.32 por ciento.
Esto nos lleva a una pregunta de fondo: ¿es correcto que el Banco de México tenga metas de inflación? En otras palabras, ¿es correcto que una institución del Estado esté a favor de la pérdida del poder adquisitivo de nuestro dinero y, por lo tanto, de nuestro trabajo? Porque si el trabajo se paga con dinero y el dinero pierde poder adquisitivo, lo que pierde valor es el trabajo mismo.
Si las personas tenemos derecho al producto íntegro de nuestro trabajo —y claro que lo tenemos—, de ese derecho se deriva el derecho al poder adquisitivo íntegro de ese trabajo. La inflación, en consecuencia, viola un derecho de propiedad, al erosionar el valor del dinero que recibimos a cambio de nuestro esfuerzo.
Esta es la discusión que deberíamos estar teniendo en México en materia monetaria, una discusión que he propuesto en más de una ocasión sin que hasta ahora haya encontrado eco. ¿Es correcto que un banco central tenga metas de inflación? ¿Es correcto que institucionalice la pérdida del poder adquisitivo del dinero y del trabajo? Desde mi punto de vista, no lo es.
Y los datos históricos refuerzan esta postura. El actual registro de inflación en México comienza en enero de 1971. Desde entonces y hasta diciembre de 2025, la inflación acumulada fue de un millón ciento veintiocho mil quinientos veintiséis punto noventa y nueve por ciento. Sí, más de un millón por ciento de inflación acumulada. Esto equivale a una inflación promedio anual de 17.04 por ciento y una inflación promedio mensual de 1.42 por ciento.
A la luz de estas cifras, la pregunta final es inevitable: ¿hasta qué punto ha sido eficaz el Banco de México, al menos en los últimos 55 años, para mantener la inflación a raya? Los datos son claros y muestran una eficacia muy limitada, incluso si el objetivo mínimo fuera simplemente mantener la inflación en el 3 por ciento.
Mientras el Banco de México siga teniendo, desde mi punto de vista erróneamente, una meta de inflación puntual, en México seguirá habiendo inflación. La inflación llegó para quedarse, y lo verdaderamente preocupante es que ninguno de los actores que deberían estar involucrados en esta discusión —comenzando por la Junta de Gobierno del Banco de México— parece dispuesto a debatir seriamente si es correcto que un banco central tenga metas de inflación.
Si a mí me preguntan, la respuesta es muy clara: de ninguna manera.



