Una tormenta invernal de gran intensidad afecta desde hace varios días a amplias regiones de Estados Unidos, con impactos humanos, energéticos y logísticos que han llevado a las autoridades a declarar estados de emergencia en Washington y en alrededor de una veintena de entidades. El fenómeno, descrito por meteorólogos como uno de los episodios invernales más severos en décadas, ha dejado al menos 11 personas muertas y ha expuesto la vulnerabilidad de infraestructuras clave frente a condiciones climáticas extremas.
El sistema, acompañado por una masa de aire proveniente del Ártico, cubrió cerca de dos tercios del territorio estadounidense con nieve, hielo y temperaturas peligrosamente bajas. El Servicio Nacional de Meteorología advirtió que las acumulaciones de nieve y hielo tendrán efectos prolongados debido a ciclos de recongelación que mantendrán carreteras y aceras en condiciones riesgosas durante varios días más.
Las muertes confirmadas se distribuyen en distintos estados. En Texas se reportaron tres fallecimientos, entre ellos el de una menor que sufrió un accidente mientras se deslizaba en trineo. En Luisiana, dos personas murieron por hipotermia. En Nueva York, las autoridades locales informaron sobre personas encontradas sin vida al aire libre durante el fin de semana, en medio de temperaturas que no se habían registrado en años recientes. El alcalde Zohran Mamdani subrayó que aún es temprano para atribuir causas específicas, pero reconoció que el frío extremo representa un riesgo particular para la población sin hogar. Ante esta situación, la ciudad activó un “código azul”, que permite ampliar el acceso a albergues y desplegar equipos de atención permanente en las calles.
El impacto material también ha sido significativo. Más de 800 mil hogares permanecieron sin electricidad en el punto más crítico del evento, principalmente en estados del sur como Tennessee, Misisipi, Luisiana y Texas. El peso del hielo acumulado sobre árboles y líneas eléctricas, combinado con ráfagas de viento, ha complicado las labores de restauración, que las propias empresas eléctricas anticipan serán prolongadas.
En el ámbito del transporte, la tormenta provocó el peor día de cancelaciones aéreas desde la pandemia de 2020, con más de 11 mil vuelos cancelados y miles de retrasos adicionales. Carreteras interestatales también han sido cerradas o restringidas en al menos 17 estados para permitir labores de limpieza y reducir riesgos.
Más allá de la emergencia inmediata, el episodio pone en evidencia la dimensión nacional del impacto climático: interrupciones simultáneas en energía, transporte y servicios básicos que afectan la movilidad, la economía y la seguridad de millones de personas. Mientras las temperaturas continúan por debajo de lo normal en gran parte del país, las autoridades mantienen los llamados a permanecer en casa y extremar precauciones ante un evento que aún no da señales claras de concluir.



