Los recientes movimientos impulsados por Delcy Rodríguez en el gabinete ministerial y en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) ofrecen una radiografía clara del momento político que atraviesa Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro. Desde que asumió la presidencia encargada, Rodríguez ha avanzado en una reconfiguración del poder que busca estabilidad institucional, control interno y margen de maniobra frente a Estados Unidos.
El punto de partida fue el operativo del 3 de enero, cuando un ataque estadounidense derivó en la detención de Maduro y Cilia Flores sin una respuesta militar efectiva. A partir de entonces, Rodríguez realizó cambios inmediatos en la Guardia Presidencial y comenzó a rodearse de funcionarios de confianza en áreas clave, especialmente en el ámbito económico y de seguridad.
En las últimas semanas, el foco se desplazó hacia la estructura castrense. De acuerdo con información citada por analistas especializados, se realizaron al menos 28 movimientos dentro de la FANB, incluidos relevos en el Alto Mando Militar Ampliado, en jefaturas de Regiones Estratégicas de Defensa Integral y en las dos principales bases aéreas del país: La Carlota, en Caracas, y El Libertador, en Aragua. También hubo ajustes en la Guardia Nacional Bolivariana, comandos antidrogas y academias militares.
Estos cambios se producen en un contexto de malestar interno dentro de la institución militar, marcado por problemas de operatividad, falta de mantenimiento y cuestionamientos por la inacción ante el ataque del 3 de enero. Analistas coinciden en que Rodríguez busca colocar mandos leales a su entorno político, especialmente al bloque que comparte con su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional.
Pese a este reordenamiento, el general Vladimir Padrino López permanece como ministro de Defensa. Aunque su figura quedó debilitada tras los acontecimientos recientes, su continuidad parece responder a la dificultad de encontrar un relevo inmediato sin agravar tensiones internas. Al mismo tiempo, el ministro del Interior, Diosdado Cabello, ha ganado peso como figura de referencia para sectores militares críticos, capitalizando el descontento sin romper con la jefa del Ejecutivo.
En paralelo al frente militar, Rodríguez consolidó su control en el gabinete civil. Reforzó el manejo económico con perfiles técnicos, desplazó a Álex Saab —aliado histórico de Maduro— y realizó ajustes en carteras como Transporte, Ecosocialismo y Comunicación. Estas decisiones coinciden con un proceso de acercamiento pragmático con Washington, que incluye diálogo político, cooperación económica y contactos de alto nivel, como la visita del director de la CIA a Caracas.
En conjunto, los cambios reflejan una estrategia de contención y reorganización. Rodríguez intenta sostener la unidad del chavismo, atender exigencias externas y prevenir fracturas en una Fuerza Armada golpeada por la crisis. El alcance de esta reconfiguración y su impacto en la gobernabilidad dependerán de la capacidad del nuevo esquema para mantener cohesión en un escenario aún marcado por la incertidumbre política y social.



