La crisis política y social en Irán entró en una nueva fase tras las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien aseguró que las autoridades iraníes buscan abrir una negociación con Washington en medio de una violenta represión contra protestas antigubernamentales. El señalamiento se produce en un contexto marcado por amenazas militares, una escalada verbal entre ambos países y un deterioro acelerado de la situación interna iraní.
Las manifestaciones comenzaron hace dos semanas como rechazo al aumento del costo de vida, pero rápidamente evolucionaron hacia un movimiento más amplio contra el régimen teocrático que gobierna Irán desde la revolución de 1979. De acuerdo con la organización Iran Human Rights, con sede en Noruega, al menos 192 personas han muerto durante las protestas, lo que las convierte en las más mortales registradas en el país en los últimos tres años. La cifra podría ser mayor, ya que el prolongado corte de internet ha dificultado la verificación de los hechos.
En este escenario, Trump afirmó que líderes iraníes se comunicaron con su gobierno y que se estaría organizando una reunión para negociar. No obstante, advirtió que Estados Unidos analiza “opciones muy fuertes” y dejó abierta la posibilidad de una acción militar antes de que cualquier encuentro se concrete, como respuesta a los reportes de represión violenta.
Desde Teherán, el gobierno decretó tres días de duelo nacional por los fallecidos, incluidos miembros de las fuerzas de seguridad. El presidente iraní, Masud Pezeshkian, convocó a una “marcha nacional de resistencia” y llamó a la población a no permitir, según sus palabras, que grupos violentos alteren el orden social. Funcionarios de seguridad han reconocido detenciones de figuras vinculadas a las protestas, sin ofrecer detalles.
La tensión también se trasladó al plano regional. El presidente del Parlamento iraní advirtió que, ante un eventual ataque estadounidense, intereses militares y navales de Estados Unidos, así como territorios que Teherán considera ocupados, serían objetivos legítimos. En Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu expresó su apoyo a los manifestantes iraníes y señaló su expectativa de un cambio político en el país persa.
Mientras tanto, organizaciones de derechos humanos alertan sobre hospitales saturados, escasez de sangre y el uso de munición real contra manifestantes, incluso con disparos dirigidos a los ojos. A pesar del apagón digital, continúan apareciendo imágenes de movilizaciones en ciudades como Teherán y Mashhad.
La combinación de protestas internas, amenazas militares y eventuales negociaciones coloca a Irán en el centro de la agenda geopolítica. Lo que ocurra en las próximas semanas podría tener efectos no solo en la estabilidad del país, sino también en el equilibrio regional de Medio Oriente y en la relación, históricamente conflictiva, entre Teherán y Washington.



