Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), lideradas por milicias kurdas, acordaron poner fin a su autonomía en el noreste de Siria y aceptar su integración en el aparato estatal, incluido el ejército, tras semanas de enfrentamientos con las fuerzas de Damasco. El pacto marca un giro decisivo en el equilibrio interno del país y abre una nueva etapa en el proceso de consolidación del poder del gobierno central.
El acuerdo se alcanzó en medio de un alto el fuego, luego de choques armados que provocaron el desplazamiento de miles de civiles. Como parte del entendimiento, las fuerzas de seguridad locales serán fusionadas, las milicias kurdas se retirarán de las líneas del frente y el Estado podrá desplegar tropas en ciudades clave del noreste como Hasaka y Qamishli, que hasta ahora permanecían bajo control kurdo. Las FDS señalaron que el objetivo es unificar el territorio sirio y cooperar en la reconstrucción del país.
Este desenlace se inscribe en un contexto político complejo. Tras la caída del régimen de Bashar Asad en 2024, el actual presidente Ahmed Sharaa ha buscado extender el control estatal sobre todo el territorio. Aunque en marzo del año pasado ya se había pactado una integración similar con las FDS, el acuerdo nunca se aplicó, lo que derivó en una reciente ofensiva del ejército para recuperar zonas estratégicas.
Como resultado de la presión militar, las FDS cedieron provincias clave como Deir ez Zor y Raqqa. Además, el control de las prisiones que albergan a miles de combatientes y simpatizantes del Estado Islámico pasó a manos gubernamentales, con el respaldo de Washington, que hasta ahora apoyaba logísticamente a las fuerzas kurdas. Este cambio coincide con un acuerdo entre Estados Unidos e Iraq para trasladar a miles de prisioneros y reducir riesgos de seguridad regional.
La implementación del pacto, sin embargo, no ha sido inmediata. Se reportaron retrasos en la entrada del ejército a Hasaka debido a la permanencia de milicianos kurdos, lo que incrementa el riesgo de nuevos choques, especialmente por las divisiones internas dentro de las FDS entre quienes aceptan la integración y quienes rechazan perder la autonomía lograda.
El acuerdo contempla también la disolución formal de las FDS y su incorporación en nuevas unidades militares, así como el traspaso de las instituciones civiles al Estado central. Según las autoridades, se garantizan derechos civiles y educativos a la comunidad kurda y el retorno de personas desplazadas, en línea con decretos previos que reconocen derechos culturales y de nacionalidad.
A nivel regional, este movimiento fortalece al gobierno sirio, reduce el margen de autonomía kurda y redefine el papel de actores externos como Estados Unidos. La estabilidad del noreste dependerá ahora de que el acuerdo se implemente sin rupturas y de que las promesas de inclusión se traduzcan en hechos concretos.




