El consenso de analistas consultados en la encuesta CITI de expectativas publicada el 4 de febrero de 2026 perfila un arranque de año con dos mensajes que, juntos, explican el tono del mercado: bajan las expectativas del tipo de cambio, pero suben varias previsiones de inflación, mientras la ruta de tasas de interés se mantiene prácticamente sin cambios.
En política monetaria, el escenario central sigue siendo un recorte moderado. La estimación mediana apunta a que el siguiente movimiento de Banxico sería un recorte de 25 puntos base en la reunión de mayo. De los 35 participantes, 20 esperan el recorte en mayo, mientras 10 lo anticipan antes y tres lo ven en junio. Hacia el cierre de 2026 y 2027, la tasa de política monetaria mediana se mantiene en 6.50% en ambos años.
Donde sí hubo un ajuste más visible fue en el tipo de cambio. El consenso ahora espera un dólar en 18.35 pesos al cierre de 2026, por debajo de la lectura previa (18.75). Para el cierre de 2027, la expectativa se ubica en 19.00 pesos, ligeramente menor a la encuesta anterior. El rango de proyecciones para 2026, sin embargo, muestra que el mercado no está “cerrando el debate”: las estimaciones van de 17.10 a 20.30.
La inflación, en cambio, volvió a presionar el tablero de expectativas. Para enero, el consenso estima una inflación general de 0.42% mensual (3.83% anual) y una subyacente de 0.58% mensual (4.49% anual). Para febrero, la previsión mensual es de 0.37% en la general y 0.46% en la subyacente. En el horizonte de cierre de año, la mediana para inflación general de 2026 se mantiene en 4.0%, pero la subyacente sube a 4.1%. Para 2027, el consenso también incrementó previsiones: 3.75% en inflación general y 3.71% en subyacente. A más largo plazo, la inflación promedio anual esperada para 2028-2032 se mantiene en 3.7%.
En crecimiento, el ajuste fue al alza pero sin euforia: la proyección mediana de PIB para 2026 sube a 1.4% (desde 1.3%), con un rango entre 0.6% y 1.8%. Para 2027, se mantiene en 1.8%.
En términos simples: el mercado está dibujando un 2026 con recortes graduales, un peso que se percibe más fuerte en el corto plazo, pero una inflación subyacente todavía terca, lo que obliga a que el ritmo de ajustes sea prudente y dependiente de los datos.



