El Congreso de Perú volvió a mover el tablero político al elegir a José María Balcázar Zelada como nuevo presidente del Parlamento, lo que automáticamente lo coloca al frente del Ejecutivo de manera interina. Con 83 años, el legislador de izquierda se convierte en el octavo jefe de Estado del país desde 2016, un dato que ilustra la profundidad de la inestabilidad institucional que atraviesa la nación andina.
La designación se produjo apenas un día después de que el Congreso destituyera a José Jerí, quien había asumido la presidencia en octubre tras la salida de Dina Boluarte. Jerí fue removido por “inconducta” y falta de idoneidad, en un proceso político rápido que refleja la tensión constante entre el Legislativo y el Ejecutivo.
La caída de Jerí estuvo marcada por investigaciones fiscales. En enero, la Fiscalía abrió una indagación por presunto tráfico de influencias y patrocinio ilegal de intereses, luego de conocerse una reunión no oficial con un empresario chino vinculado a negocios con el gobierno. Más recientemente, su situación se complicó con otra investigación relacionada con la presunta intervención en la contratación de nueve mujeres en su administración.
El Congreso, que inicialmente lo consideró una figura adecuada para encabezar la transición, cambió de postura y lo removió mediante un juicio político acelerado. Su mandato tenía como objetivo garantizar la transparencia de las elecciones presidenciales y legislativas previstas para abril, un proceso clave para intentar devolver estabilidad al país.
La elección de Balcázar se dio entre cuatro aspirantes al liderazgo parlamentario. Entre ellos figuraban la ex presidenta del Congreso María del Carmen Alva, el socialista Edgard Reymundo y el independiente Héctor Acuña. Con 60 votos a favor, Balcázar obtuvo la mayoría necesaria para asumir la conducción del Legislativo y, por mandato constitucional, la jefatura interina del Estado.
La crisis política peruana no es nueva. Desde 2016, cuatro presidentes han sido destituidos por el Congreso y dos renunciaron antes de enfrentar el mismo destino. Solo uno logró concluir su mandato interino. Este patrón ha consolidado un escenario en el que el Parlamento ejerce un poder determinante frente a un Ejecutivo debilitado.
En contraste con la turbulencia política, la economía peruana ha mostrado resiliencia. El sol se mantiene entre las monedas más estables de América Latina y la inflación anual no supera el 1,5%. Sin embargo, la alta informalidad laboral —que afecta a siete de cada diez trabajadores— sigue siendo uno de los principales desafíos estructurales.
La llegada de Balcázar abre una nueva etapa en un contexto frágil. Más allá de la figura del nuevo mandatario interino, el reto central será asegurar la credibilidad del proceso electoral y evitar que la inestabilidad continúe erosionando la confianza ciudadana e internacional en las instituciones peruanas.



