La edición de febrero de la London Fashion Week inició con un acto simbólico que combinó memoria y estrategia institucional. El calendario abrió con un desfile en homenaje a Paul Costelloe, diseñador irlandés fallecido en noviembre a los 80 años y figura constante del evento durante cuatro décadas.
Apertura con enfoque institucional
El tributo no solo reconoció la trayectoria de Costelloe, sino que reafirmó el papel de la Semana de la Moda de Londres como espacio de continuidad histórica dentro del circuito internacional. Su marca, ahora bajo la dirección creativa de su hijo William Costelloe, mantiene presencia en el calendario, lo que proyecta estabilidad y herencia dentro de una industria en constante transformación.
Dimensión competitiva del calendario
La edición se celebra del 19 al 23 de febrero y reúne a 90 diseñadores y firmas, lo que representa un incremento superior al 11 % respecto a la edición equivalente del año anterior. El programa contempla 41 desfiles, 20 presentaciones y múltiples activaciones, entre eventos físicos y digitales.
Entre los nombres confirmados destacan casas consolidadas como Burberry, Simone Rocha, Erdem y Richard Quinn, junto con nuevas propuestas. Este equilibrio refuerza el posicionamiento de Londres como plataforma de talentos emergentes dentro de los llamados “Big Four” de la moda, junto con Nueva York, Milán y París.
Implicaciones para la industria
El aumento de participantes y la diversidad de formatos evidencian una estrategia de adaptación frente a los cambios comerciales y tecnológicos del sector. La London Fashion Week no solo funciona como escaparate creativo, sino como punto de encuentro para compradores, prensa especializada e inversionistas.
En este contexto, el homenaje inaugural actúa como declaración de principios: preservar la identidad del diseño británico mientras se amplía la competencia y la visibilidad global en un mercado cada vez más exigente.



