El cierre del Grasa Tour en Madrid colocó el vestuario como un elemento central en la construcción del espectáculo en vivo. La propuesta estética no operó como complemento visual, sino como parte del lenguaje narrativo que acompañó la música y el movimiento escénico.
La presentación final de la gira integró una serie de decisiones visuales orientadas a mantener coherencia con la identidad artística desarrollada a lo largo del tour. El vestuario respondió a una lógica funcional y expresiva, donde la movilidad y la presencia escénica definieron las elecciones.
Construcción estética del escenario
Los elementos que estructuraron la imagen del concierto se organizaron en torno a dos ejes principales que la cantante también tiene:
- Prendas diseñadas para bailar y que faciliten el movimiento dentro del escenario
- Estética sensual con un toque pop
El resultado fue una propuesta en la que cada look se integró al desarrollo del espectáculo, sin operar de forma aislada. La ropa, lejos de ser decorativa, funcionó como extensión del performance.


Impacto en consumo y marca
El caso refleja una integración más estrecha entre moda y espectáculo dentro de la industria musical. El vestuario se posiciona como herramienta de construcción de marca, capaz de reforzar identidad, diferenciar propuestas y sostener coherencia en proyectos de largo formato como una gira.
La decisión de tratar los estilismos del cierre como piezas especiales introduce también una dimensión simbólica: el concierto final se construye como un momento distintivo dentro del recorrido general.
Próximos pasos
El cierre del tour establece un precedente sobre el uso del vestuario como recurso narrativo integral. La continuidad de este enfoque dependerá de futuros proyectos escénicos donde la imagen mantenga un papel estructural dentro de la propuesta artística.



