En el comentario del mes pasado, hablé de la primera parte del Discurso de León XIV al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. Del espacio público, pasó al ámbito privado de la dignidad de la persona.
Citando a Benedicto XVI, el Papa recuerda que el primero de todos los derechos humanos es la libertad religiosa ya que “expresa la realidad más fundamental de la persona”. Las violaciones a este derecho alcanzan al 64% de la población mundial. La persecución a los cristianos afecta a más de 380 millones de creyentes, manifestándose en la restricción de la “capacidad de proclamar las verdades del Evangelio por razones políticas o ideológicas.”
Una vez más, la Santa Sede defiende la dignidad inalienable de la persona. En este sentido, hace hincapié en que el migrante es una persona, al igual que los presos, que “nunca pueden ser reducidos a los delitos que han cometido”. Una vez más, llama a la abolición de la pena de muerte y a la liberación de los presos políticos.
El Papa recuerda que la persona ha sido creada a “imagen y semejanza de Dios”, que ha sido llamada al amor en el seno de una familia, que tiene un papel fundamental, por lo que los países han de protegerla y considérala en su justo lugar, procurando a las familias frágiles, que sufren de violencia doméstica.
A pesar de que la verdad no está de moda, León XIV recuerda que esa “vocación al amor y a la vida”, depende de la “unión exclusiva e indisoluble entre una mujer y un hombre”.
La Santa Sede rechaza categóricamente los “proyectos destinados a financiar la movilidad transfronteriza con el fin de acceder al llamado ‘derecho al aborto seguro’”. Hace un llamado a la protección de todos los niños no nacidos y el apoyo real para que las mujeres puedan acoger la vida.
Respecto de la maternidad subrogada, León XIV condena el convertir a la gestación en un negocio rentable, que “viola la dignidad, tanto del niño, que queda reducido a un ‘producto’, como de la madre, al explotar su cuerpo y el proceso generativo y alterar la vocación relacional de la familia.”
Los cuidados paliativos y políticas de verdadera solidaridad han de imperar frente a la eutanasia, respecto a los enfermos, las personas mayores y solas.
La lucha contra las adicciones, una mayor inversión en la promoción, la educación y la creación de oportunidades de trabajo son las políticas que los Estados han de procurar establecer para los jóvenes.
El Papa declara que cuando se desconecta de la realidad, la naturaleza y la verdad, la promoción de los derechos humanos, en concreto, la libertad de expresión, la libertad de conciencia, la libertad religiosa y el derecho a la vida, queda restringida por el ejercicio de falsos “pretendidos nuevos derechos”.
Como lo dijo en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, el orgullo, raíz de todos los conflictos, nos lleva a perder el realismo y a una visión distorsionada del mundo, allanando el camino del conflicto, precursor de toda guerra.
León XIV recordó las guerras en Ucrania, Tierra Santa, la Franja de Gaza, el Caribe y Venezuela. La crisis en Haití, Grandes Lagos, el Sudán, Sudán del Sur, Asia Oriental y Myanmar. La paz “sigue siendo un bien difícil, pero posible”, que “requiere humildad de la verdad y la valentía del perdón.”



