La edición 79 de los premios BAFTA quedó atravesada por un momento inesperado durante su transmisión en vivo en Londres. Mientras Michael B. Jordan y Delroy Lindo presentaban una categoría, se escuchó un insulto racista emitido desde el público.
El responsable fue John Davidson, activista cuya historia inspiró la película I Swear y que vive con síndrome de Tourette, una condición que puede provocar expresiones verbales involuntarias. La ceremonia había advertido previamente sobre la posibilidad de este tipo de manifestaciones, aunque el momento se transmitió sin ser editado pese a existir un desfase técnico.

Implicaciones culturales e industriales
El incidente colocó en primer plano dos dimensiones: la responsabilidad de los organizadores en emisiones globales y la comprensión pública de diversas discapacidades neurológicas. La decisión de no editar el momento evidenció límites en los protocolos de control de contenido en eventos en vivo, sobre todo cuando editaron ciertas posturas políticas en respecto al genocidio a Palestina, pero esto no se editó.
También reactivó una discusión sobre intención y contexto, especialmente cuando el hecho involucra a una figura vinculada a una obra cinematográfica que aborda su propia experiencia. Esto conecta directamente con la forma en que la industria incorpora narrativas personales y las expone en escenarios de alta visibilidad.
En términos industriales, el caso sugiere ajustes futuros en la producción de eventos televisados, particularmente en el manejo de riesgos en transmisiones diferidas y en la preparación ante situaciones imprevistas.



