La voracidad fiscal: impuestos sobre impuestos

La acumulación de gravámenes sobre un mismo ingreso, como el IVA aplicado sobre el IEPS en gasolinas, constituye una doble tributación abusiva que debería estar prohibida por la Constitución.

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En los países donde se cobra más de un impuesto, ya se está incurriendo en un exceso. La razón es muy sencilla: cualquier tributo se paga invariablemente con el ingreso de alguien, es decir, con el producto del trabajo de una persona. Por ello, el simple hecho de establecer más de un gravamen supone, de entrada, una doble tributación.

Pensemos en el caso de México: a una persona, por el hecho de trabajar y generar riqueza, el gobierno le cobra el Impuesto Sobre la Renta (ISR). Ahí tenemos una primera tributación directa que grava el ingreso. Posteriormente, con el ingreso disponible —lo que queda tras pagar impuestos—, esa misma persona acude a comprar los bienes y servicios que necesita para subsistir, donde se le aplica el Impuesto al Valor Agregado (IVA) del 16%. Esta es ya una segunda tributación a cargo del mismo ingreso original. Esta duplicidad, por sí misma, debería ser inaceptable.

Sin embargo, el problema escala. La doble tributación puede llegar a ser un caso excepcional frente a situaciones de triple, cuádruple y hasta quíntuple tributación. Lo más grave es que, en ocasiones, se cobran impuestos sobre impuestos ya cobrados. El caso de las gasolinas en México es una muestra increíble de la voracidad de los recaudadores y de los gobernantes.

Para entender este abuso, observemos cómo se integra el precio de la gasolina Magna. El gasolinero compra el producto a su proveedor (Pemex) a un precio promedio de 11.30 pesos por litro. Inmediatamente, a esa cifra se le suma el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), que es de 6.70 pesos. La suma de ambos conceptos nos da un total de 18.00 pesos.

El exceso ocurre en el siguiente paso: el IVA del 16% no se calcula sobre el precio del combustible, sino sobre esos 18.00 pesos que ya incluyen los 6.70 pesos del IEPS. Es decir, se está calculando un impuesto sobre otro impuesto ya cobrado. Si el IVA se aplicara únicamente al precio que el gasolinero paga a Pemex, este sería de 1.81 pesos por litro. Pero, al calcularlo sobre la base que ya incluye el IEPS, el IVA aumenta a 2.88 pesos, un incremento del 59.12%.

Esto es un abuso sistemático que podríamos llamar «tributación a la enésima potencia». En total, aproximadamente el 44% del precio que pagamos por la gasolina son impuestos. Y este no es el único ejemplo; lo mismo sucede con los productos importados. ¿Qué hay que hacer ante este escenario? El primer paso es la conciencia ciudadana y la transparencia. Por ley, cada bomba en las gasolinerías debería mostrar el desglose exacto de lo que se paga al proveedor y lo que se lleva el gobierno, detallando cómo se calculan esos montos. Cobrar impuestos sobre impuestos es un exceso que debería estar prohibido constitucionalmente. Lamentablemente, dada la voracidad de nuestros gobernantes, se ve como una meta difícil de alcanzar.

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