Sin consentimiento

La pornografía sin consentimiento alimenta abuso, explotación y trata sexual. Normalizar su consumo distorsiona la sexualidad de menores y fortalece una industria sostenida por violencia real.
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He estado siguiendo la publicación de los documentos de la investigación que se hizo en Estados Unidos sobre la red de abuso y tráfico de menores de Jeffrey Epstein. Según algunos datos, que se desprenden de lo que el Departamento de Justicia ha publicado, hay pruebas de abuso de más de 1,200 menores.

Muchas de las imágenes redactadas que se encuentran en la red, son de niñas, niños y adolescentes que fueron víctimas de Epstein y sus socios, por llamarlos de alguna manera. Esas imágenes claramente constituyen pornografía infantil.

Como he dicho en otras ocasiones, el 60% de la pornografía infantil es autoproducida, es decir, son los mismos menores los que toman y envían las imágenes de sus cuerpos desnudos, algunos, realizando actividades sexuales. Pero el otro 40% es creada por alguien más que busca explotar al menor.

Según el sitio Fight the New Drug, la mayoría de los menores han estado expuestos a la pornografía antes de los 13 años. El 73% de los adolescentes han visto imágenes pornográficas. Al menos, uno de cada tres videos pornográficos muestran violencia o agresión sexual.

El mismo sitio afirma que el 53% de los varones y el 39% de las mujeres menores de edad piensan que la pornografía muestra la realidad sobre el sexo. Ésta educa a nuestros jóvenes sobre las expectativas de las relaciones sexuales, la autopercepción de sus cuerpos y las relaciones interpersonales románticas.

El acceso a la pornografía literalmente está en la punta de los dedos de todos. Cualquier persona con algún dispositivo electrónico conectado a internet puede ver pornografía. Nuestros jóvenes son vulnerables a ser esclavos del algoritmo que los lleve a cientos de sitios que muestren imágenes pornográficas tomadas de manera legal o ilegal.

A pesar de lo que vende la industria de la pornografía, la mayoría de las escenas no cuentan con el consentimiento de sus participantes.

Según algunas estadísticas, 6.3 millones de personas en el mundo son víctimas de explotación sexual. Lo que es mucho peor, uno de cada cuatro víctimas son niños. Según datos de la Línea Nacional de Tráfico Humano de los Estados Unidos, la pornografía es la segunda causa más común de tráfico sexual de menores. En una encuesta, el 63% de los menores de edad, víctimas de tráfico sexual fueron anunciados o vendidos en línea.

La evidencia sugiere que la desensibilización hacia la violencia sexual al través del consumo de pornografía se manifiesta en una mayor disposición a comprar sexo, por tanto, se incrementa la demanda de víctimas de tráfico sexual.

La realidad es que la industria de la pornografía lleva a que personas reales sean abusadas sexualmente y explotadas por los miembros de su familia, traficantes y lenones. Los billones de clics en el contenido pornográfico eleva la demanda de los traficantes a hacer más dinero vendiendo videos de sus esclavos sexuales a los sitios de pornografía.

Si tienes hijos, habla con ellos sobre la realidad de la creación de contenidos pornográficos y de la explotación de cientos de miles de personas que son víctimas de trata. Infórmate e informales de los peligros a los que todos estamos expuestos en las redes sociales. Suscríbete a sitios que te ayuden a entender el problema para que te sea más fácil protegerlos.

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