México mantendrá su acuerdo de cooperación con Cuba para la presencia de médicos cubanos en el país, pese a las críticas de Estados Unidos y al retiro de programas similares en otras naciones de América Latina y el Caribe. La definición fue planteada por la presidenta Claudia Sheinbaum, que defendió el convenio como un mecanismo útil para cubrir necesidades médicas en regiones apartadas y con déficit de especialistas.
El hecho central no es solo la continuidad del programa, sino el momento en que ocurre. La decisión mexicana llega en una fase de mayor presión diplomática de Washington sobre las brigadas médicas cubanas y en un contexto regional donde varios gobiernos ya optaron por cancelar o dejar sin efecto sus convenios con La Habana. Eso coloca a México en una posición distinta dentro del mapa latinoamericano y vuelve la cooperación sanitaria parte de una discusión más amplia sobre soberanía, política exterior y servicios públicos.
Sheinbaum sostuvo que el convenio bilateral “ayuda mucho” a México y recordó que los médicos cubanos participaron en la atención durante la pandemia, además de seguir prestando servicios en lugares donde el sistema nacional enfrenta carencias de personal especializado. La presidenta también rechazó que exista un esquema irregular de remuneración y afirmó que los médicos reciben el pago correspondiente por su trabajo.
Los datos que enmarcan esta decisión son estos:
- En México prestan servicios alrededor de 3,000 médicos cubanos.
- Su trabajo se concentra en zonas alejadas de los 32 estados del país.
- Desde inicios de este año, al menos cuatro países anunciaron el fin de su relación con el programa.
- Los países mencionados son Honduras, Guatemala, Jamaica y Guyana.
- Las declaraciones presidenciales fueron hechas el 25 de marzo de 2026.
- La defensa del programa incluyó su papel durante la pandemia y en atención especializada en regiones rurales.
El trasfondo geopolítico es claro. Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, ha cuestionado estas brigadas con el argumento de que constituyen trabajo forzado y que podrían servir como cobertura para actividades de inteligencia. Esa posición ha coincidido con la salida o cancelación de convenios en varios países de la región, lo que sugiere una estrategia más amplia para reducir el alcance exterior de uno de los programas más importantes de cooperación cubana.
Del lado cubano, el canciller Bruno Rodríguez acusó a Estados Unidos de ejercer presión y chantaje para que más gobiernos rompan vínculos con las misiones médicas. Su planteamiento vincula directamente esa ofensiva con un objetivo económico: recortar una de las principales fuentes de ingresos de la isla en un momento de crisis interna severa. Esa lectura vuelve el caso algo más que una discusión sanitaria. También lo convierte en una disputa por influencia regional, recursos y capacidad de maniobra diplomática.
La posición mexicana introduce una variable adicional. Mientras otros gobiernos optaron por cerrar sus programas, México decidió mantenerlos y justificar su utilidad con base en necesidades internas del sistema de salud. Eso implica que la cooperación con Cuba no está siendo presentada como un gesto ideológico, sino como una herramienta práctica para cubrir vacíos en atención especializada y presencia médica en zonas rurales o de difícil acceso.
Las implicaciones institucionales son relevantes. Si el programa continúa, México mantendrá un esquema de apoyo sanitario externo en regiones donde no logra cubrir plenamente la demanda con personal nacional. También sostendrá un vínculo bilateral sensible con Cuba en un momento de mayores tensiones entre La Habana y Washington. A nivel regional, la decisión mexicana funciona además como un contraste político frente a los gobiernos que ya cancelaron convenios similares.
Lo que sigue dependerá de dos frentes. El primero es la continuidad operativa del programa dentro del sistema de salud mexicano, especialmente en zonas donde los médicos cubanos ya están desplegados. El segundo es la evolución de la presión diplomática de Estados Unidos sobre este tipo de acuerdos en América Latina y el Caribe. Por ahora, la definición del gobierno mexicano es clara: el convenio seguirá vigente y la cooperación médica con Cuba se mantendrá como parte de su política sanitaria y exterior.



