La Guerra que el Mundo Temía: cómo Estados Unidos e Israel encendieron el Medio Oriente

Cuarenta días de bombardeos, un estrecho bloqueado, un líder supremo asesinado y una tregua frágil que Israel ya rompió en Líbano. Un análisis riguroso de la guerra que reescribe el orden mundial.

I. El momento que lo cambió todo

Era la madrugada del 28 de febrero de 2026. En Ginebra, diplomáticos iraníes y estadounidenses acababan de concluir una ronda de negociaciones que, según los presentes, había arrojado avances «sorprendentemente buenos». El mediador omaní y el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, hablaban de reunirse de nuevo el 2 de marzo en Viena. El mundo respiró, creyendo que la crisis se encaminaba hacia una solución pactada.

Veinticuatro horas después, esa ilusión se hizo pedazos.

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una serie masiva de bombardeos aéreos por sorpresa sobre múltiples ciudades iraníes, mientras las negociaciones diplomáticas seguían técnicamente en curso. El golpe fue quirúrgico en su concepción y devastador en sus consecuencias: en cuestión de horas murió el ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán desde 1989, junto con varios altos mandos de las Fuerzas Armadas y del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Más de cien civiles cayeron en los primeros ataques, incluyendo niños de una escuela primaria en Teherán conocida como Shajare Tayeb.

Lo que vino después no fue una victoria rápida, sino el inicio de la guerra más peligrosa que el mundo ha vivido en décadas.

Datos clave al 8 de abril de 2026 · Día 40 del conflicto

  • Nombre operativo: Operación Furia Épica
  • Inicio: 28 de febrero de 2026
  • Bajas civiles iraníes: Más de 1,500, según el embajador iraní ante la ONU
  • Militares estadounidenses muertos: 13 confirmados
  • Muertos en Israel: Al menos 23 civiles; 12 soldados en el frente libanés
  • Desplazados internos en Irán: Hasta 3.2 millones de personas
  • Precio del barril de petróleo Brent: Más de 109 dólares (frente a los ~75 dólares previos al conflicto)
  • Tráfico por el Estrecho de Ormuz: Caído de ~75 buques/día a casi cero en los primeros días
  • Estado actual: Alto el fuego bilateral de dos semanas anunciado el 7 de abril, combates en Líbano continúan

II. Nada surgió de la nada: décadas de tensión acumulada

Para entender la guerra de 2026, hay que retroceder al menos medio siglo. La relación entre Irán y Estados Unidos quedó fracturada de raíz con la Revolución Islámica de 1979, cuando el régimen del ayatolá Jomeini tomó como rehenes a 52 ciudadanos estadounidenses durante 444 días. Desde entonces, ambos países no han tenido relaciones diplomáticas formales.

El conflicto Irán-Israel tiene raíces igualmente profundas, aunque de naturaleza distinta: Israel considera que un Irán nuclear representa una amenaza existencial. Irán, por su parte, financia y arma a grupos como Hezbolá en el Líbano, Hamás en Gaza, los Hutíes en Yemen y diversas milicias en Irak y Siria, conformando lo que Teherán llama el «Eje de la Resistencia».

La última escalada previa a la guerra actual fue la llamada Guerra de los Doce Días, en junio de 2025. En ese conflicto, Israel lanzó la «Operación León Ascendente» contra instalaciones nucleares y militares iraníes. Estados Unidos se sumó el 22 de junio, bombardeando las instalaciones nucleares de Fordow, Natanz e Isfahán con bombarderos B-2 Spirit y bombas enterradoras GBU-57. Trump anunció un alto el fuego el 23 de junio de 2025 y bautizó el episodio como «la Guerra de los Doce Días». Esa tregua se sostuvo durante ocho meses. Hasta que no se sostuvo más.

El detonante inmediato: protestas, represión y un ultimátum

Entre finales de 2025 y enero de 2026, Irán vivió las protestas más masivas desde la Revolución de 1979. El gobierno de Teherán respondió con una represión brutal: según cifras oficiales iraníes, murieron 2,908 manifestantes; fuentes de oposición elevan esa cifra a más de 36,000. El 13 de enero de 2026, Trump amenazó públicamente a Irán con bombardeos si no detenía la represión, aunque en ese momento sus fuerzas en la región no eran suficientes para una guerra sostenida.

Lo que siguió fue una escalada calculada. El 23 de enero, Trump anunció el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln hacia el Medio Oriente. El 6 de febrero llegó un segundo portaaviones, el USS Gerald R. Ford. Mientras la presión militar se multiplicaba, el 6 de febrero también comenzaron negociaciones nucleares indirectas en Mascate, Omán. El 11 de febrero, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu voló a Washington para reunirse con Trump. Ese mismo día acordaron, según múltiples fuentes, la fecha del ataque.

El 26 de febrero, negociadores de ambos bandos —entre ellos Steve Witkoff y Jared Kushner por parte de EE.UU.— se reunieron en Ginebra con el canciller iraní Araghchi. Todos los presentes hablaban de «buenos progresos». El 27 de febrero, Trump dio la orden de bombardear.

«El propósito exacto de los ataques no está claro todavía. Irán hizo una oferta sorprendentemente buena y las partes acordaron volver a verse el 2 de marzo.» — Diplomático británico Jonathan Powell, asistente a las negociaciones de Ginebra

III. La guerra: cuarenta días de fuego

La primera semana: el mundo en estado de shock

La respuesta iraní fue inmediata y de gran alcance geográfico. Teherán lanzó misiles y drones contra Israel y contra bases militares estadounidenses en Bahréin, Kuwait, Catar, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania e Irak. En los primeros días del conflicto, seis militares estadounidenses murieron en un ataque iraní contra un puerto kuwaití. La estación de la CIA en Riad fue alcanzada por drones. El recinto del consulado estadounidense en Dubái fue impactado.

Irán también activó su medida más poderosa: el cierre selectivo del Estrecho de Ormuz, la estrecha vía marítima por la que transita aproximadamente el 20% de todo el petróleo que el mundo consume a diario. El tráfico de buques petroleros y de productos químicos cayó de los 60 habituales por día a prácticamente cero en las primeras horas. Los precios del petróleo se dispararon, superando los 105 dólares por barril.

El 2 de marzo, el conflicto se extendió al Líbano, donde se reactivó la guerra entre Israel y Hezbolá, con una invasión terrestre israelí del sur del país.

La dimensión humana: escuelas, hospitales, infraestructura

Conforme avanzaron las semanas, el perfil de los blancos atacados por ambos bandos se volvió más oscuro. Un ataque contra la escuela primaria Shajare Tayeb en Teherán mató al menos a 175 personas, según el embajador iraní ante la ONU. Seis niños estuvieron entre los muertos en ataques nocturnos durante la primera semana de abril. Las universidades iraníes comenzaron a ser blanco de ataques israelíes, bajo la justificación de degradar el programa nuclear iraní. Teherán amenazó con responder atacando universidades vinculadas a EE.UU. e Israel en Líbano, Catar y los países del Golfo.

Trump fue más lejos: amenazó públicamente con destruir todas las centrales eléctricas de Irán y sus plantas desalinizadoras si Teherán no reabría el Estrecho de Ormuz. Expertos en derecho internacional consultados por CNN fueron contundentes: atacar infraestructura civil crítica constituiría un crimen de guerra. El Comité Internacional de la Cruz Roja emitió un comunicado de alarma. Qatar, que alberga la base aérea de Al Udeid —la más importante de EE.UU. en la región—, calificó los ataques iraníes contra su territorio de «violación flagrante» de su soberanía.

Los aviones caídos y la narrativa de la invencibilidad

La semana del 3 al 7 de abril trajo una serie de noticias que sacudieron la percepción de superioridad militar estadounidense: primero un caza F-15E fue derribado sobre territorio iraní, y luego un segundo avión, un A-10 Thunderbolt II, fue alcanzado, obligando a su piloto a eyectarse. Uno de los aviadores fue rescatado mediante una operación que involucró helicópteros AH-6 Little Bird. El paradero del segundo no fue confirmado de inmediato.

El congresista Seth Moulton, miembro de la Comisión de Servicios Armados de la Cámara, fue directo: «No saben cómo salir de este lío. No saben cómo terminar esta guerra.» Trump, por su parte, afirmó ante los medios que Estados Unidos había eliminado «por completo» las instalaciones antiaéreas iraníes —una declaración que analistas militares refutaron públicamente, señalando que ponía a las tropas «en grave riesgo».

La decapitación del liderazgo iraní

Uno de los aspectos más perturbadores del conflicto ha sido la sistemática eliminación del liderazgo de seguridad iraní. Israel asesinó al ayatolá Jameneí el primer día. En las semanas siguientes, decenas de altos mandos del CGRI, del ejército iraní y del grupo paramilitar Basij fueron abatidos. El 7 de abril, cayó el mayor general Majid Khademi, jefe de Inteligencia del CGRI, descrito por la propia Guardia como «un comandante que dedicó casi medio siglo de servicio leal a la Revolución». También murió Ali Larijani, alto funcionario de seguridad y arquitecto clave de la estrategia iraní, en un ataque israelí.

IV. Los protagonistas: quién es quién en esta guerra

Donald Trump y la lógica de la presión máxima

El presidente estadounidense ha conducido este conflicto con la misma retórica impredecible que ha caracterizado su estilo de gobierno. Fijó plazos para que Irán abriera el Estrecho de Ormuz —el primero expiró sin consecuencias, el segundo también— y lo acompañó de mensajes en Truth Social que la propia embajada iraní en Sudáfrica respondió citando la enmienda constitucional que permite declarar a un presidente «no apto para el cargo». Trump amenazó con devolver a Irán a la «Edad de Piedra» y declaró que el país entero podría ser «eliminado en una sola noche» —una afirmación que analistas militares calificaron de inviable.

En un discurso en horario estelar ante la nación, Trump presentó la guerra como una «inversión» en el futuro de los estadounidenses y alardeó de «victorias como pocas personas han visto jamás». No respondió cuándo terminaría el conflicto. Según el economista jefe de Jefferies, Mohit Kumar, es probable que Trump intente retirarse del conflicto sin dejar de «proclamar la victoria».

Benjamin Netanyahu y la oportunidad histórica

Para el primer ministro israelí, esta guerra representa la culminación de décadas de política exterior centrada en una premisa: Irán con armas nucleares representa una amenaza existencial para Israel. Netanyahu viajó a Washington en febrero expresamente para asegurar que Estados Unidos no firmaría ningún acuerdo de paz con Irán antes del ataque. Una vez iniciado el conflicto, coordinó con la administración Trump la campaña de decapitación del liderazgo iraní.

Netanyahu dejó en claro, sin embargo, que el alto el fuego entre EE.UU. e Irán no implica el fin de las operaciones israelíes. La campaña contra Hezbolá en Líbano continúa. El 8 de abril, Israel lanzó su mayor ataque coordinado hasta la fecha sobre Beirut —bautizado «Oscuridad eterna»—, con más de 160 bombas cayendo en diez minutos. El balance preliminar libanés: 112 muertos y 837 heridos.

Irán: sin líder supremo, pero sin rendirse

La muerte de Jameneí fue un golpe sin precedente para el sistema político de la República Islámica. Nunca antes había muerto un líder supremo en un ataque militar. Sin embargo, lejos de derrumbarse, el aparato estatal iraní respondió con determinación y con una estrategia clara: elevar el costo económico global del conflicto. Al cerrar el Estrecho de Ormuz, Irán no solo perjudicó a sus enemigos directos, sino a toda la economía mundial.

El canciller Araghchi advirtió que los ataques contra la infraestructura iraní tendrán «efectos devastadores en la energía y la economía mundiales». El ex canciller Javad Zarif, por su parte, argumentó que Irán debería usar el conflicto para negociar un «pacto de no agresión» que garantice su seguridad a largo plazo. Dentro de Irán, la imagen es más compleja: ciudadanos que huyeron del país señalan que muchos iraníes no ven la guerra como una liberación, sino como una catástrofe que los dejará sin infraestructura y con un régimen que, lejos de debilitarse, se endurece.

V. El mundo paga la factura: impacto económico global

El cierre del Estrecho de Ormuz ha producido un choque energético de magnitud histórica. La Agencia Internacional de Energía (AIE) liberó 400 millones de barriles de su reserva estratégica para compensar la interrupción del suministro. El crudo Brent superó los 109 dólares por barril a principios de abril, y el petróleo WTI los 111 dólares. El Fondo Monetario Internacional advirtió que cada incremento del 10% en los precios de la energía podría sumar casi medio punto porcentual a la inflación global.

Los efectos se han propagado con rapidez. Países como Bangladesh han cerrado anticipadamente las universidades para el verano. Pakistán y Filipinas han decretado semanas laborales de cuatro días para reducir el consumo de energía. Los precios de los alimentos y los fertilizantes —cuya producción depende del gas natural— ya están afectando a economías de bajos ingresos, con riesgo de inseguridad alimentaria. La Organización Mundial del Comercio advirtió que si los precios se mantienen elevados durante el año, el comercio global se contraerá significativamente.

El G7 declinó coordinar la liberación conjunta de sus reservas estratégicas. Arabia Saudita exploró rutas alternativas por el Mar Rojo para sus exportaciones de crudo. Israel y Estados Unidos debatieron si imponer peajes al tráfico por el Estrecho una vez que se reabra —con Trump declarando «somos los ganadores, ¿por qué no?»— una propuesta que generó alarma entre aliados y organismos internacionales por su impacto en el derecho de libre navegación.

VI. La tregua frágil: ¿pausa o paz?

La noche del 7 de abril, aproximadamente 90 minutos antes de la nueva fecha límite que Trump había fijado para que Irán reabriera el Estrecho de Ormuz —las 8 pm hora del Este— el presidente estadounidense anunció un «alto el fuego bilateral» entre ambas partes. El acuerdo fue mediado principalmente por el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif y su jefe del ejército, el mariscal de campo Asim Munir.

El liderazgo iraní emitió una declaración por el canal estatal IRIB ordenando a todas las unidades militares cesar el fuego. Irán accedió a reabrir el Estrecho de Ormuz durante las siguientes dos semanas. Los mercados reaccionaron de inmediato: los precios del petróleo cayeron y los futuros de acciones estadounidenses subieron.

Pero la tregua llegó acompañada de señales de alarma inmediatas. Horas después del anuncio, Irán lanzó nuevos ataques con misiles y drones contra Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. La Guardia Revolucionaria Iraní declaró que «no confía en las promesas de Washington» y que tiene «el dedo en el gatillo». Israel, por su parte, dejó en claro que el cese de hostilidades no aplica al Líbano: el 8 de abril —hoy— lanzó el mayor ataque coordinado de toda la guerra sobre Beirut.

Analistas consultados por Reuters coinciden en que el alto el fuego ofrece «una pausa, no una paz». Las negociaciones sobre el fondo del conflicto —el programa nuclear iraní, el levantamiento de sanciones, el estatus del Estrecho, el futuro de Hezbolá— apenas están comenzando. Irán presentó un plan de diez puntos que la Casa Blanca calificó inicialmente de «poco serio e inaceptable» antes de calificarlo como «una base viable para negociar» tras una versión revisada.

VII. Las preguntas sin respuesta

Cuarenta días de guerra han generado más interrogantes que certezas. La administración Trump ha ofrecido explicaciones diversas y cambiantes sobre los objetivos del conflicto: prevenir que Irán obtenga armas nucleares, destruir sus capacidades militares, asegurar el acceso al petróleo iraní, lograr un cambio de régimen. Ninguna de estas metas ha sido alcanzada de forma definitiva. El programa nuclear de Irán fue degradado, no eliminado. El régimen sigue en pie. El Estrecho está técnicamente reabierto, pero bajo condiciones disputadas.

El Senador republicano John Curtis exigió que el Congreso declare formalmente la guerra antes de aprobar nuevos fondos para el conflicto. El líder de la minoría en la Cámara, Hakeem Jeffries, renovó el llamado a que el Congreso vote para poner fin a las operaciones. Fisuras importantes han comenzado a aparecer dentro del propio Partido Republicano.

La pregunta central que millones de estadounidenses —y ciudadanos del mundo— se hacen sigue sin respuesta: ¿cuándo y cómo termina esta guerra? El Congresista Seth Moulton lo resumió con brutal claridad: «No saben cómo salir de este lío.»

Para los civiles iraníes —más de 1,500 muertos, 3.2 millones de desplazados en cuarenta días— la pregunta tiene una urgencia diferente. Un ciudadano que huyó del país semanas atrás, y que habló con CNN bajo anonimato, lo dijo con palabras que merecen ser escuchadas: «Vamos a perder nuestra infraestructura y ellos van a permanecer. El nuevo régimen será cien veces peor.»

VIII. El mundo toma posición

La comunidad internacional ha respondido con una mezcla de condena, alarma y cautelosa expectativa. El secretario general de la ONU, António Guterres, urgió a todas las partes a respetar el alto el fuego y proteger a los civiles. El primer ministro de Australia, Anthony Albanese, calificó el anuncio de tregua como «buena noticia» pero criticó las amenazas previas de Trump contra infraestructura civil. Japón subrayó la necesidad de garantizar el tránsito seguro por el Estrecho de Ormuz.

Qatar, Bahréin, Kuwait y Arabia Saudita —países atacados por Irán como represalia por albergar bases militares estadounidenses— han condenado los ataques iraníes, aunque muchos de ellos habían advertido previamente a Washington sobre las consecuencias de iniciar una guerra. Egipto llamó al diálogo. Colombia, a través de su cancillería, hizo un llamado a la moderación y al uso de mecanismos multilaterales. El papa León —nuevo pontífice— elogió el alto el fuego y criticó las amenazas de Trump.

China y Rusia, aunque no han intervenido militarmente, observan con atención. Trump advirtió el 8 de abril que cualquier país que suministre armas a Irán enfrentará aranceles del 50% sobre todos sus productos exportados a Estados Unidos, una medida con alcance potencialmente global y de dudosa viabilidad jurídica en el marco de la OMC.

IX. Análisis: ¿qué viene ahora?

A cuarenta días del inicio de la «Operación Furia Épica», el balance es inquietante. Irán ha sido dañado, pero no doblegado. Su liderazgo supremo ha sido decapitado, pero su aparato de Estado funciona. Su programa nuclear fue degradado en 2025, pero —según fuentes de oposición iraní y agencias occidentales— podría tener uranio altamente enriquecido oculto en instalaciones desconocidas. El CGRI sigue operando. Hezbolá sigue combatiendo en Líbano.

Estados Unidos, por su parte, ha demostrado una capacidad de fuego sin parangón, pero también una ausencia alarmante de estrategia de salida. Ha perdido pilotos, ha visto sus bases atacadas en media docena de países aliados, y enfrenta una guerra que sus propios legisladores no saben cómo terminar. La imagen de superpotencia invencible se ha erosionado con cada avión derribado.

Israel ha logrado uno de sus objetivos históricos: eliminar físicamente a Jameneí y degradar la capacidad de Hezbolá en el sur de Líbano. Pero la pregunta de si esto produce una región más segura o más inestable permanece abierta.

El alto el fuego de dos semanas ofrece una ventana diplomática. Es una oportunidad para que negociadores de ambas partes construyan algo más duradero, sobre la base de los compromisos que Irán dejó sobre la mesa en Ginebra el 26 de febrero —antes de que las bombas destruyeran esa mesa— y de las demandas que EE.UU. e Israel no han dejado de formular.

Lo que está claro, hoy 8 de abril de 2026, es que el mundo en que vivíamos el 27 de febrero ya no existe. El Oriente Medio ha sido reconfigurado. El precio de la energía ha subido para todos. Los muertos no volverán. Y la pregunta de si esta guerra habrá valido la pena —para quién, a qué costo— tardará años, quizás décadas, en responderse.

Cronología esencial del conflicto

Junio 2025 — La Guerra de los Doce Días

Israel lanza la «Operación León Ascendente» contra Irán. EE.UU. bombardea instalaciones nucleares en Fordow, Natanz e Isfahán. Alto el fuego el 23 de junio, mediado por Trump.

Enero 2026 — Represión de protestas

El régimen iraní aplasta las mayores protestas desde 1979. Mueren miles de manifestantes. Trump amenaza con bombardeos y anuncia despliegue de portaaviones.

11 de febrero — La reunión decisiva

Netanyahu visita a Trump en la Casa Blanca. Acuerdan que EE.UU. no firmará ningún acuerdo con Irán y fijan la fecha del ataque.

26 de febrero — Ginebra: diplomacia en curso

Witkoff, Kushner y el canciller iraní Araghchi reportan «buenos progresos» en negociaciones. Se planea una próxima reunión el 2 de marzo en Viena.

28 de febrero — Inicio de la guerra

EE.UU. e Israel lanzan ataques masivos. Muere el ayatolá Jameneí. Irán cierra el Estrecho de Ormuz y lanza misiles contra Israel y bases de EE.UU. en la región.

2 de marzo — Se abre el frente libanés

Israel invade el sur de Líbano e intensifica la campaña contra Hezbolá.

Semana del 3 al 7 de abril — Escalada y crisis política

Dos aviones de combate estadounidenses son derribados sobre Irán. Fisuras en el Congreso de EE.UU. El precio del petróleo supera los 109 dólares.

7 de abril — Alto el fuego bilateral

Trump anuncia tregua de dos semanas mediada por Pakistán. Irán acepta reabrir el Estrecho. La Guardia Revolucionaria advierte que «no confía en Washington».

8 de abril — Día 40: tregua y bomba simultáneas

Israel lanza la operación «Oscuridad eterna» sobre Beirut: 160 bombas en diez minutos. 112 muertos, 837 heridos. Irán lanza nuevos misiles contra países del Golfo. El Líbano no está incluido en la tregua, según Israel.


Fuentes: Cobertura en tiempo real de Reuters y agencias internacionales de noticias; seguimiento del conflicto por medios de referencia en español e inglés; Council on Foreign Relations — Global Conflict Tracker; declaraciones oficiales del Gobierno de EE.UU., Gobierno de Irán, Fuerzas de Defensa de Israel y Naciones Unidas; comunicados del Fondo Monetario Internacional y la Agencia Internacional de Energía.

Nota editorial: Esta investigación fue elaborada con información verificada al 8 de abril de 2026. Dado el carácter dinámico del conflicto, algunos datos pueden haber evolucionado al momento de su publicación.

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