La economía de México mostró un crecimiento anual de apenas 0.6% en el primer trimestre de 2025, ubicando el semáforo económico en color naranja, según datos del INEGI. Aunque el país evitó una recesión técnica con un ligero avance trimestral de 0.2%, se observa un estancamiento que frena la recuperación del PIB per cápita, el cual se mantiene en niveles similares a los de 2017.
Este bajo dinamismo económico se atribuye a la incertidumbre nacional e internacional, que desincentiva la inversión. Factores como la próxima elección del Poder Judicial y la propuesta de integrar órganos autónomos al Ejecutivo han generado preocupación por la seguridad jurídica. A nivel internacional, las políticas comerciales de Estados Unidos y la imposición de aranceles impactan directamente en la economía mexicana, dada la alta dependencia de las exportaciones al país vecino.
El sector secundario, que incluye la minería, construcción y manufacturas, mostró un deterioro significativo, contrayéndose 0.1% trimestral y 1.3% anual. La construcción, a pesar de los megaproyectos y el nearshoring, se encuentra 6.2% por debajo de su pico a finales de 2023. En contraste, las actividades primarias registraron un crecimiento robusto, mientras que en el sector servicios, la minería y el comercio al por mayor fueron los de mayores caídas.
Para revertir esta tendencia y alcanzar la meta de estar entre las 10 principales economías del mundo, el país necesita reducir la incertidumbre, brindar certidumbre en la relación con Estados Unidos y clarificar las nuevas condiciones en el mercado energético y regulatorio. La inversión es crucial para generar empleos de calidad y lograr una prosperidad compartida.



