El próximo 5 de junio podría marcar un cambio importante en la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), ya que se espera ampliamente que la entidad recorte su principal tasa de interés. De acuerdo con una encuesta reciente de Reuters, más del 70% de los economistas anticipa esta decisión, que vendría acompañada de una pausa en los movimientos posteriores, al menos durante el mes de julio.
Este probable ajuste llega después de seis reducciones consecutivas de 25 puntos base, lo que ha dejado la tasa de depósito cerca de un punto neutral: un nivel que ni estimula ni frena la economía de la eurozona. La medida busca mitigar la incertidumbre en los mercados, especialmente en un contexto de tensiones comerciales provocadas por Estados Unidos, que han debilitado el crecimiento en la región.
Aunque la inflación general ha superado ligeramente el objetivo del 2% establecido por el BCE, las presiones internas sobre los precios están resurgiendo, lo que complica una flexibilización más acelerada. Además, las expectativas de aumentos en los precios a corto plazo plantean desafíos adicionales para el organismo.
Se estima que el BCE reducirá su tasa clave de depósito en 25 puntos base, llevándola al 2.0%. Esta previsión se dio incluso antes de que un tribunal estadounidense anulara parte de los aranceles impulsados por el expresidente Donald Trump, hecho que también influye en las decisiones económicas globales.



