La acuicultura sostenible emerge como un sector con un vasto potencial para el futuro del empleo global, proyectándose la creación de más de 20 millones de puestos de trabajo para el año 2050. Sin embargo, a pesar de estas prometedoras cifras, el sector enfrenta desafíos significativos en cuanto a la movilización de la inversión necesaria para alcanzar su máximo desarrollo. Este desequilibrio entre el potencial y la realidad de la inversión podría limitar su capacidad para contribuir plenamente a la seguridad alimentaria y el desarrollo económico.
Paralelamente a esta visión de crecimiento laboral, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) está avanzando en la elaboración de directrices para una acuicultura más sostenible. Estas pautas buscan fomentar prácticas que aseguren la viabilidad ambiental, social y económica de la producción acuícola. La meta es garantizar que el crecimiento del sector no comprometa los recursos naturales y beneficie equitativamente a las comunidades involucradas. La implementación de tales directrices es crucial para atraer una inversión más responsable y a largo plazo.
La brecha de inversión en la acuicultura sostenible requiere una acción coordinada entre gobiernos, sector privado y organismos internacionales. Es fundamental crear marcos regulatorios estables y atractivos, ofrecer incentivos financieros y promover la innovación tecnológica para mitigar los riesgos percibidos por los inversores. Solo así se podrá capitalizar el inmenso potencial de este sector, transformándolo en un motor real de crecimiento económico y generación de empleo, al tiempo que se asegura la producción de alimentos de manera responsable para una población mundial en constante aumento.



