La creciente inflación y la consecuente baja en las ventas están poniendo en riesgo de cierre a una proporción alarmante de tienditas en México, con estimaciones que indican que entre 7 y 10 de cada 10 podrían desaparecer. Estos pequeños comercios, pilares de la economía local y la vida comunitaria, enfrentan una severa crisis que refleja el impacto directo del aumento de precios en el poder adquisitivo de las familias mexicanas.
La situación se agrava por el hecho de que las familias están recurriendo a una «dieta de emergencia», un término que describe la reducción drástica y el ajuste del gasto en productos básicos para poder afrontar los elevados costos. Esto implica priorizar alimentos esenciales y sacrificar otros bienes o servicios, lo que impacta directamente en las ventas de las tienditas, que dependen en gran medida del consumo diario y diversificado de los hogares.
El cierre masivo de estos negocios tendría profundas consecuencias económicas y sociales. No solo significaría la pérdida de miles de empleos y el deterioro del tejido comercial barrial, sino que también limitaría el acceso a productos en comunidades donde las tienditas son a menudo la única opción. La combinación de una inflación persistente y la disminución del consumo básico es un indicador crítico de la presión económica que experimentan tanto los pequeños comerciantes como los consumidores finales en México.



