La inflación en México se moderó más de lo previsto en julio, alcanzando una tasa interanual del 3.51%, su nivel más bajo en cinco años. Este dato, que se ubicó por debajo de las expectativas de los analistas, ha avivado las especulaciones sobre un posible recorte en la tasa de interés de referencia por parte del Banco de México (Banxico) en su próxima reunión.
La desaceleración del Índice Nacional de Precios al Consumidor se explica por una disminución en los precios de productos agropecuarios y energéticos, lo que generó un alivio en el componente no subyacente de la inflación. Sin embargo, el panorama no es del todo optimista. Los datos revelan que la inflación subyacente, que excluye los productos volátiles y es la métrica preferida de Banxico para medir la tendencia de los precios, se ubicó en 4.23%.
Aunque esta cifra representa una ligera desaceleración con respecto a junio, sigue estando por encima del rango objetivo de Banxico del 3% (más o menos un punto porcentual). La persistencia de una inflación subyacente elevada sugiere que las presiones de precios siguen siendo un factor de riesgo en la economía, lo que podría obligar al banco central a ser cauteloso antes de tomar una decisión.
La junta de gobierno de Banxico se enfrenta a un dilema: ceder ante la presión del mercado por un recorte de tasas, impulsada por la cifra de inflación general, o mantener la cautela para garantizar que la inflación subyacente también converja hacia su objetivo.



