El Producto Interno Bruto (PIB) de la OCDE se expandió a un 0.4% en el segundo trimestre de 2025, duplicando el 0.2% del trimestre anterior. Este repunte, que marcó un retorno a las tasas de crecimiento pre-crisis, fue impulsado casi en su totalidad por el fuerte desempeño de Estados Unidos, cuya economía rebotó con un crecimiento del 0.7%, superando las expectativas. Este crecimiento fue en parte resultado de una reducción en sus importaciones, un factor que ayudó a engrosar el dato final.
Sin embargo, el titular positivo esconde una realidad económica más fragmentada. Mientras EE.UU. aceleraba, economías clave de la eurozona, como Alemania e Italia, continuaron su declive, registrando un crecimiento negativo. El estancamiento en estos países refleja la debilidad persistente de sus sectores industriales, afectados por los altos costos energéticos y una demanda externa moderada. Este panorama contrasta notablemente con el de España, que sobresalió con un crecimiento trimestral del 0.7% y un avance anual del 2.8%, liderando a los países de la OCDE.
La divergencia en el desempeño de las principales economías subraya la fragilidad de la recuperación. La dependencia de un solo motor de crecimiento como Estados Unidos hace que la expansión global sea vulnerable. A pesar de la mejora en las cifras generales, la falta de un crecimiento sincronizado en los países de la OCDE plantea serios interrogantes sobre la sostenibilidad de este ritmo y la capacidad de las economías más débiles para recuperarse.



