La decisión de Heihe Rural Commercial Bank de suspender las transacciones con Rusia, tras ser incluido en la lista de sanciones de la Unión Europea, ha expuesto una importante vulnerabilidad en la relación económica entre ambos países. Este hecho ha generado un profundo descontento en el sector empresarial ruso, ya que la entidad financiera china era un socio crucial para la liquidación de las operaciones comerciales, especialmente para las pequeñas y medianas empresas. La imposibilidad de realizar transacciones directas obliga a los exportadores e importadores rusos a buscar vías alternativas, lo que aumenta los costos y la incertidumbre.
Este evento subraya la dependencia económica de Rusia con China, que se ha vuelto el principal destino de sus exportaciones. Sin embargo, también revela que la colaboración financiera entre ambos países está lejos de ser inmune a las presiones internacionales. A pesar de los esfuerzos por «desdolarizar» sus intercambios, el sistema de pagos chino sigue operando bajo las reglas de la infraestructura financiera global, lo que lo hace susceptible a las sanciones occidentales. La respuesta de otros bancos chinos de evitar las transacciones que provienen de entidades sancionadas, como Heihe, fragmenta la colaboración financiera entre ambos países y dificulta el comercio transfronterizo.
La medida del banco chino es una señal de que las sanciones de la UE están funcionando, no solo al aislar financieramente a Rusia, sino también al obligar a sus aliados comerciales a elegir entre mantener sus lazos económicos con Occidente o con Moscú. El comercio entre Rusia y China, aunque vital para ambos, enfrenta ahora un obstáculo significativo, lo que pone a prueba la resiliencia de su alianza económica.



