La economía de Estados Unidos se encuentra en un momento crítico, con un debate entre economistas sobre si el país está al borde de un periodo de estanflación. Este término, que combina estancamiento económico con alta inflación, vuelve a ser relevante ante la reciente desaceleración del crecimiento y la persistencia de los precios altos. Si bien el desempleo se mantiene en niveles históricamente bajos, la economía muestra signos de debilidad, con una producción industrial estancada y una demanda de los consumidores más débil de lo esperado.
La situación actual tiene ecos de la crisis de los años setenta, cuando la economía de EE.UU. sufrió un estancamiento prolongado con una inflación de dos dígitos. En ese entonces, los economistas y los bancos centrales se vieron con un dilema: subir las tasas de interés para combatir la inflación, lo que podría agravar la recesión, o bajarlas para estimular el crecimiento, lo que podría desatar una nueva ola inflacionaria. La Reserva Federal se enfrenta a una situación similar hoy, con su política monetaria bajo un intenso escrutinio.
Si bien la mayoría de los analistas coinciden en que la economía de EE.UU. no está en una estanflación total, la amenaza es real. La persistencia de la inflación y la debilidad en el crecimiento son un recordatorio de que la economía no puede ser gestionada sin un plan a largo plazo.



