El gobierno de Estados Unidos ha entrado en un cierre administrativo, o shutdown, tras la incapacidad del Senado para aprobar una ley de financiación a tiempo. La falta de consenso político sobre el presupuesto ha provocado la paralización de servicios no esenciales, lo que afectará a miles de empleados federales y generará una gran incertidumbre en la economía. Aunque la Casa Blanca ha confirmado que los servicios esenciales, como las fuerzas de seguridad y las operaciones militares, seguirán operando, el cierre de otros departamentos podría tener un impacto significativo en la economía.
La crisis fiscal se produce en un momento de fragilidad económica global. El cierre de un gobierno que representa la economía más grande del mundo podría tener un efecto dominó en los mercados financieros internacionales, que ya se encuentran en un momento de nerviosismo. El principal temor es que la crisis de Estados Unidos pueda generar una caída en la confianza de los inversionistas.
La situación es un recordatorio de que la economía no puede ser gestionada sin un consenso político. La falta de un acuerdo en el Senado, que es un reflejo de las profundas divisiones políticas en el país, pone en riesgo no solo a la economía, sino también a la credibilidad del gobierno. La solución a la crisis no es solo fiscal, sino política.



