Tendencias de moda 2026: menos influencers, más identidad y calma en el lujo, con rosa pálido, lencería y guiños utilitarios

La moda 2026 apunta a identidad y serenidad: menos influencers, más archivo y personalización. En pasarela dominarán rosa pálido, lencería, colgantes XL y utilitario.

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La moda que asoma para 2026 no se entiende solo por “qué prendas se usarán”, sino por el momento social y de industria que las empuja. En un contexto de prisa y sobreinformación, el próximo año se perfila como una búsqueda de identidad: lo místico en lo etéreo y la serenidad en lo corporal aparecen como dos ejes que se traducen en estética, consumo y hasta en la forma en que las marcas se relacionan con el público

En esa lectura, la camisa blanca se plantea como símbolo de claridad y “lienzo” de personalización, mientras que la industria refuerza una idea: el lujo no depende tanto de seguir tendencias como de proyectar personalidad. Esto se conecta con el regreso a los archivos históricos de las casas: se citan reinterpretaciones de siluetas emblemáticas —como el Sack dress de Balenciaga reactivado desde los años cincuenta o el new look recuperado para Dior— y una insistencia en líneas que “fluyen” sin cortes abruptos, con siluetas curvas que abrazan la figura. También reaparecen elementos de construcción y gesto: grandes lazadas en blusas y camisas, como metáfora de unión entre ropa y cuerpo.

El terreno de accesorios seguirá siendo competitivo. El documento describe cómo las marcas vuelven a modelos reconocibles para hallar “el bolso de la temporada”: resurgen nombres como Baguette (Fendi) o Soft-bag (Ferragamo), y se menciona la reinterpretación del Book Tote con un enfoque de homenaje literario. En calzado, el énfasis se mueve hacia la comodidad y el movimiento, con la figura de la “sneakerina” y el regreso simbólico a “bajar del tacón”.

En paralelo, las tendencias de primavera–verano 2026 dan señales concretas: el rosa pálido destaca como color dominante, y la inspiración lencera se instala con fuerza, con el camisón como pieza central. En joyería, aparece el collar con colgante XL (incluida una variante utilitaria), mientras que en estilismo se consolida la idea de sujetador o bikini a la vista como recurso de capas. Y como contrapeso, una referencia transversal: lo utilitario, con tonos khaki y guiños a prendas de trabajo (monos, delantales, bolsillos cargo) recontextualizados en looks más sofisticados.

El cambio no es solo estético: también es institucional. Se describe una reducción del protagonismo del influencer en pasarelas, con aforos más controlados y una selección enfocada en cliente fiel y referentes. Y, pese a la incertidumbre por el “juego de sillas” de directores creativos, el sector cierra 2025 con tono más optimista: tras la caída de 2024, se señala una estabilización con un gasto mundial del consumidor en lujo de 1.44 billones de euros en 2025, prácticamente similar al año previo, pero con expectativa de mejora gradual hacia 2026.

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