El arranque de 2026 no viene marcado por una sola amenaza, sino por una forma distinta de competir. La economía —comercio, finanzas y tecnología— aparece cada vez más como instrumento de presión entre países, y eso cambia el terreno de juego para empresas, gobiernos y consumidores.
El Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial, a partir de su encuesta global de percepción de riesgos, coloca a la confrontación geoeconómica como el riesgo más probable de detonar una crisis global material en 2026, elegida por 18% de los encuestados. En segundo lugar aparece el conflicto armado entre Estados, con 14%. En el mismo “top 10” de preocupaciones inmediatas también figuran la desinformación (7%), la polarización social (7%) y una posible desaceleración/caída económica (5%), además de riesgos vinculados a libertades cívicas, resultados adversos de la IA y ciberseguridad.
Lo relevante no es solo el listado, sino la lectura de fondo: tras un periodo de incertidumbre comercial, la preocupación se amplía hacia el uso creciente de sanciones, regulaciones, restricciones de capital y la “weaponización” de cadenas de suministro como herramientas de estrategia. En términos simples: la disputa entre países ya no se limita a aranceles o discursos; se traslada a reglas, flujos de dinero y acceso a tecnología.
Esa lógica también se proyecta a 2028. La confrontación geoeconómica se mantiene como el riesgo número uno en el horizonte de dos años y la desinformación sube al segundo lugar. En paralelo, el riesgo de conflicto armado entre Estados se ubica en quinta posición, reflejando un entorno donde la competencia se endurece y la cooperación se vuelve más difícil.
A más largo plazo, el foco cambia: hacia 2036, los riesgos ambientales dominan el panorama. Eventos climáticos extremos encabezan la lista, y aproximadamente la mitad del top 10 corresponde a riesgos ambientales. Se mantienen entre los primeros lugares la pérdida de biodiversidad y el cambio crítico de los sistemas terrestres; también aparecen escasez de recursos naturales y contaminación dentro de los diez principales.
El mensaje económico es claro: el corto plazo apunta a fricciones que pueden encarecer el comercio, restringir inversiones y alterar cadenas de suministro; el largo plazo advierte que los impactos del clima presionarán infraestructura, costos y estabilidad. En ambos casos, la factura termina llegando a hogares y empresas, aunque el origen sea geopolítico o ambiental.



