En su actualización de enero de 2026, el FMI incluyó un mensaje específico sobre estabilidad financiera: el entorno luce “tranquilo” en superficie, pero acumula vulnerabilidades que pueden amplificarse si cambian el apetito de riesgo o las expectativas sobre la inteligencia artificial.
De acuerdo con el organismo, las condiciones financieras mundiales se han mantenido en general acomodaticias desde el reporte previo, con precios altos de acciones y diferenciales de crédito históricamente reducidos, impulsados por la expectativa de un mayor relajamiento monetario. Ese contexto —junto con volatilidad moderada en divisas— ha facilitado flujos de cartera hacia mercados emergentes, incluyendo una emisión sin precedentes de bonos soberanos internacionales y mayor acceso para emisores con calificaciones más bajas.
El foco de tensión, sin embargo, está en el bloque tecnológico. El FMI señala que la volatilidad en renta variable aumentó en noviembre por preocupaciones sobre los rendimientos futuros del sector de IA. Las empresas vinculadas a IA ya representan una porción relevante de la capitalización bursátil y explican buena parte del crecimiento del gasto de capital corporativo. El mercado, sostiene el reporte, está cada vez más concentrado en si esas empresas podrán sostener ingresos que justifiquen valoraciones elevadas. En paralelo, se observan señales de presión: altos coeficientes de endeudamiento y un aumento de diferenciales de incumplimiento crediticio en algunas firmas, lo que apunta a un mayor uso de financiamiento vía deuda.
A esto se suma un problema de transparencia: el FMI menciona acuerdos circulares de inversión y adquisición entre grandes empresas de IA —inversiones recíprocas y aseguramiento de pedidos futuros— que pueden generar opacidad y riesgos de concentración, dificultando evaluar estructuras de propiedad y valoraciones.
En deuda pública, el reporte advierte un cambio estructural: la dinámica de emisiones y preferencias de inversionistas estaría empujando la deuda soberana hacia plazos más cortos. El FMI proyecta que la deuda soberana mundial supere el 100% del PIB hacia el final de la década, mientras aumentan primas por plazo por fuertes emisiones y menor interés por activos de larga duración. También señala episodios de volatilidad que han obligado a recurrir periódicamente a liquidez de bancos centrales, lo que reabre preocupaciones sobre funcionamiento de mercado.
Finalmente, el FMI incorpora un foco adicional: los recientes incumplimientos corporativos (menciona Tricolor Holdings y First Brands) dejaron expuestas debilidades como financiamiento opaco, fallas de gobernanza y estándares laxos de evaluación de crédito, problemas que se han vuelto más frecuentes con el ascenso de prestamistas no bancarios, especialmente en crédito privado. Si las condiciones se endurecen o baja el apetito de riesgo, esas vulnerabilidades podrían intensificarse.



