La captación bancaria en México está enviando una señal clara: el ahorro “tradicional” (depósitos a la vista y a plazo) sigue creciendo, pero cada vez con menos fuerza y con un cambio de composición que importa para bancos, ahorradores y para el pulso del consumo.
En noviembre de 2025, el saldo de la captación bancaria tradicional registró un crecimiento real anual de 1.4% (5.2% nominal), muy por debajo del promedio real de 4.6% observado en los primeros diez meses del año. Dentro de ese resultado, la captación a la vista aportó 1.7 puntos porcentuales al crecimiento, mientras que la captación a plazo restó 0.3 puntos. Además, el tipo de cambio jugó un papel relevante: la apreciación del peso tuvo un efecto contable que restó 1.3 puntos porcentuales al dinamismo. Incluso ajustando por ese efecto, el crecimiento real anual habría sido 2.7%, también menor al promedio de los primeros diez meses.
La lectura por tipo de depósito es todavía más reveladora:
- Depósitos a la vista: crecieron 2.6% real anual (6.5% nominal). Ajustados por el efecto del tipo de cambio, el avance sería de 4.0%.
- Depósitos a plazo: cayeron -0.9% real anual (2.9% nominal), su tasa más baja desde noviembre de 2022, lo que sugiere el cierre de un ciclo impulsado por tasas de interés altas.
Por “tenedor”, el comportamiento fue mixto. En la captación a la vista, las personas físicas desaceleraron (de 1.4% real en octubre a 0.8% en noviembre), mientras las empresas siguieron en contracción pero menos profunda (-2.4% vs -3.4%). En contraste, el sector público no financiero aceleró con fuerza (27.1% real anual) y otros intermediarios financieros también repuntaron (12.2%), en un contexto de reasignación hacia instrumentos más líquidos.
El reporte también vincula este patrón con la temporada de compras: los hogares concentran 43.9% de la captación a la vista y podrían haber reducido saldos líquidos por mayor gasto asociado al Buen Fin. En paralelo, se observó un mayor dinamismo en ventas de tiendas totales (2.6% real en noviembre) y un crecimiento real anual de 7.9% en el monto de operaciones con tarjeta de débito.
En síntesis, la fotografía del ahorro no es de “fuga”, sino de enfriamiento y reacomodo: menos apetito por plazos (y por lo que pagan) y más preferencia por liquidez. A eso se suma que los fondos de inversión de deuda mantuvieron un crecimiento real anual alto (13.8%), consistente con un entorno de incertidumbre y aversión al riesgo que favorece instrumentos de deuda locales. El resultado práctico: más competencia por captar recursos, menos “inercia” para el ahorro a plazo y una economía que luce más cautelosa hacia adelante.



